09 febrero 2007

Viernes de Jano

El semestre que fue de agosto de 2001 a enero de 2002 fue particularmente próspero para mí en lo referente a sueños anticipatorios, sueños más o menos apocalípticos que, paradójicamente, me apaciguaron ansiedades y angustias varias que venía arrastrando desde hacía algún tiempo. Soñé con un avión negro de la Lockheed (lo sé porque lo recuerdo de las cartas Top & Quartet de mi infancia) suspendido frente a una embajada, soñé con un bólido (con su estela más bien) incrustándose en una torre; soñé incluso con Duhalde sentado sobre un cajón de manzanas en la verdulería del barrio (yo le preguntaba si el peronismo iba a dividirse o no, y el me respondía: “Veremos”, con un tono parecido al que usó para decir: “Mañana abren los bancos y que sea lo que Dios quiera”). Recuerdo esos sueños como trofeos, como pruebas de que la noche sabe algunas cosas que el día ignora.
Hoy, en el anochecer de un día que empezó de tarde, estuve leyendo lahaine.org (en particular este artículo sobre el comercio de la Guerra ¿del Golfo? ¿del Oriente Medio? ¿de más allá o acá?) y el sitio de la Correpi, y aquellas pruebas, aquellos trofeos sólo me recuerdan la encerrona que representa
anticiparnos, sólo en sueños, a la catástrofe.

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