19 marzo 2008

Lección 1: el lodo a los podridos, la vida es lo más grande

Pensar en algo.

Existencialismo de pacotilla por si me olvido lo básico
En las vacaciones pasadas, Malala y yo nos vimos sometidos a cierta pobreza musical. Los compacts existentes en el hogar eran pocos; algunos, impracticables. De modo que hicimos de la carencia virtud y aceptamos escuchar a repetición, entre otros, En directo de Serrat. Una vez asumidos los límites, la búsqueda del goce generó un sustento simple y eficaz: era un disco que acompañó nuestra niñez y adolescencia, y por lo tanto lo vivimos como tiempo recobrado y hasta como emoción rediviva. En mi caso, “Cantares” no ha dejado de emocionarme desde el momento en que musicalizó la últimas imágenes de La noticia rebelde, cuyo levantamiento y posterior reemplazo por Raúl Portal viví como el primer perjuicio del menemismo en mi vida cotidiana.
Por ese tiempo, solía sostener dilatadas conversaciones con Paula Monteagudo, a quien le señalé una vez que “Para la libertad” era otra gran canción de Serrat. Y recuerdo que ella relativizó mi juicio más o menos del siguiente modo: “Pero, Ari, pasa lo mismo que con «Cantares», no es Serrat, es Hernández”. Y si bien a la vuelta de las vacaciones comprobé la verdad que había en esas palabras (la versión de estudio es una muerte comparada con la de En directo, mucho más sentida y andante), en Canelones me ganó un fervor que no sentía hacía tiempo, y la ponía en repeat para disfrutarla en el presente y recordarla en el futuro. Cuando finalmente logré lo segundo, le prometí a Malala regalarle un libro de Miguel Hernández (promesa que aún no honré).
Hoy, recién, le contaba a Matías esta gozosa sorpresa. “Hay algunos versos que son maravillosos: «Porque cuando dos cuencas vacías amanezcan...” “Ella pondrá dos piedras de futura mirada”, completó él, tampoco indiferente a esos versos. “Sí, es muy optimista”, completó. Y yo objeté: “No es optimismo, es aguante”, y debería haber agregado “y ganas de celebrar la latencia y la potencia”. Ahora juzgo irrelevante mi objeción: el optimismo no es candidez, ni creencia pasiva, ni perversión interpretativa, ni bolazo falaz ante la realidad desnuda. A eso lo han reducido insignes pelotudos y mercaderes de la resignación. Pero donde hay una batalla perdida, hay otra por librar. Tarea para el hogar: recuperar el optimismo como valor, tener el corazón dispuesto, y si bien hay que joderse -tal como sostiene Sasturain en "San Jodete, apóstol de la desgracia"-, no por ello hay que retraer las antenas como un caracol.
Claro está que resistir no es vencer, aunque eso diga algún graffiti negador, pero es necesario. Una frase optimista que llevo guardada para siempre fue dicha por Kafka a Max Brod en el cénit de su propia impotencia, en vísperas del apogeo nazi: “Claro que hay esperanza, sólo que no para nosotros”.

Ejemplo fuera de foco de árbol talado que retoña.

Nosotros, al menos Malala y yo, siempre tendremos “Para la libertad”, segunda parte de un poema titulado “El herido”:

Para la libertad, sangro, lucho, pervivo,
Para la libertad, mis ojos y mis manos,
como un árbol carnal, generoso y cautivo,
doy a los cirujanos.

Para la libertad, siento más corazones
que arenas en mi pecho: dan espumas mis venas,
y entro en los hospitales, y entro en los algodones
como en las azucenas.

Para la libertad, me desprendo a balazos
de los que han revolcado su estatua por el lodo.
Y me desprendo a golpes de mis pies, de mis brazos,
de mi casa, de todo.

Porque donde unas cuencas vacías amanezcan,
ella pondrá dos piedras de futura mirada
y hará que nuevos brazos y nuevas piernas crezcan
en la carne talada.

Retoñarán aladas de savia sin otoño
reliquias de mi cuerpo que pierdo en cada herida.
Porque soy como el árbol talado, que retoño:
porque aún tengo la vida.

Lo triste ya lo sé, ahora debo averiguar el resto. Moriré, y no sin sufrimientos, pero ahora estoy en otra. Será que ayer volví a ver Despertando a la vida y todavía estoy bajo el alcance de sus efectos benéficos.

Representación del momento sagrado.

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16 marzo 2008

Yendo de casa al trabajo y de Capusotto a Palau

Diego Capusotto según Rolling Stone

El viernes pasado fui a La Catedral para festejar el cumpleaños de mi amiga Luz. Hacía rato que no iba allí, así que en parte me asombró lo cambiado que estaba el lugar, si bien conserva su clásica entrada de tugurio y sus oscuras escaleras-pasadizos, ya arriba, su salón está dispuesto para satisfacer a la folclórica gringuería y el vegetarianismo consuetudinario. No está mal de todos modos; al menos se puede fumar y fumar, como en los viejos buenos tiempos de aquella Buenos Aires festiva previa a Ibarra y Macri.
Mi asombro se completó antes de entrar en el ámbito. Parado frente a la mesa de entrada, medio perdido por desconocer el protocolo, le digo a la recepcionista: “Hola...”. En eso noto que a mi izquierda había un cabello menos enrulado que revuelto que me causaba cierta gracia inconsciente. Lo miro apenas, casi de soslayo. “Hola...”, le repito mi demora a la recepcionista. Y ahí caí: volví a mirar de frente al sujeto y vi lo que suponía encontrar. Era Capusotto. Me reí –no pude evitarlo– y, casi para justificar mi impertinencia, le dije: “¿Qué hacés? ¿Cómo andás?”. “Bien, todo bien, loco. ¿Y vos?” “Vengo al cumpleaños de Luz”, fue tanto mi respuesta para él tanto como la continuación del intercambio con la recepcionista.
Un rato después cayó Santaolalla.

Hoy domingo fuimos al trabajo con Malala. La inminente salida de una nueva revista femenina en medio de un cierre general para el resto de las revistas que se preanuncia agitado fue el motivo de la excepción a la regla. Raro todo. El espacio de trabajo, casi desierto, con algunos sujetos –como yo– en short y camiseta, me resultó tan familiar como siniestro. Y aun así, su parque a pleno sol, invitaba para la ensoñación de creer que ese jardín, ese roble, esos álamos, en alguna medida me pertenecen. Y no es mentira.

Mientras tanto, en Buenos Aires, otra hora comienza. La hora 25, con el correspondiente desembarco de Palau y su tufillo a “la continuación de la guerra por otros medios”. Va a estar bueno Buenos Aires, ta bien. El tema es cuándo. "Y, Mauricio... calculale un fangote así de grande..."

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09 febrero 2008

Silvia Prieto se filmó acá

Viernes, 7.43 de la mañana. Sábado más bien. Dentro de 24 horas estaremos en viaje hacia Montevideo, vía Cacciola (de lo nuestro, lo mejor –y lo más barato–). Mi noche se deshizo en medio de la fiesta de casamiento de Nuni (hermanastra entrañable de Malala) y Maxi, con la que sus organizadores –padres, tutores y encargados– han renovado largamente sus laureles de anfitriones.
Tal vez una de las razones de tal triunfo –amén de la canción “Menos mal” de Andrea Echeverri para el momento sensible y del champán de Finca La Linda para ese y todos los demás momentos– haya sido la razonable brevedad de la lista de invitados, sin mayor abundancia de extras, que son quienes mejor la pasan en este tipo de festejos, en desmedro del decoro, la intimidad y la cordura. Sin embargo, extras hubo, sin ir más lejos, yo, que tan bien me muevo en general en ese rol. Pero ya inmerso entre los ochenta invitados, modifiqué mi canónico protocolo de gula-embriaguez-danza espasmódica-black out por la libación moderada y la conversación ávida de curiosas novedades.

Noticias de ayer: Ariel Solito es mi nombre y, como todos con el suyo, lo he repetido incesantemente en todas las presentaciones que encadenan una vida, en este caso la mía.
“¿Nombre?” “Ariel Solito.” “Pobre, está solito...”
“¿Nombre?” “Ariel Solito.” “Pero hoy viniste acompañado, eh...”
“¿Nombre?” “Ariel Solito.” “¿En serio? ¡Ja ja ja!”
Siempre así, con todas sus leves e innumerables variaciones. En la facultad incluso pretendí restituir la pronunciación de origen de mi apellido, resignado a que los retruécanos más básicos se repitieran también en la casa de altos estudios.
“¿Nombre?” “Ariel Sólito.” “Insólito su apellido...”
Vencido ya ante la fatalidad del chascarrillo, volví al Solito y su putativa soledad, y deseché el Sólito y toda su bucólica cotidianidad. Incluso he llegado a consolarme por tener un apellido-adjetivo y no uno verbo, como Lozupone, Baibiene o Manduca, y así me dejé ganar por el aura de la soledad.

¡Extra! ¡Extra! “¿En serio no te acordás?”, me dice en la mesa uno de los comensales, apenas menor, que cursó, al igual que yo, de primero a tercer año del secundario en el colegio industrial de Bunge y Born, una minimísima institución que graduaba cada año no más de veinticinco técnicos electromecánicos. “Para nada, y no sabés cuánto lo lamento”, le respondo. “Te cuento, entonces. Era fecha de recuperatorios. Yo había terminado de rendir Taller y me fui a cambiarme al vestuario. Me saco la camisa, los zapatos, el pantalón, y recién cuando estoy en calzoncillos y medias caigo en la cuenta de que un hijo de puta se llevó mi uniforme de cursada. Empiezo a putear, primero bajito y después a los gritos. Entre puteada y puteada, oigo que un profesor de taller, Mancini (el más turro de esa manga de fachos), me pregunta quién grita y que salga inmediatamente al patio. Yo abro apenas la puerta del vestuario y le digo que no puedo salir porque estoy casi en bolas. Después de un pequeño quilombo, y tal vez de un par de amonestaciones, aparece mi ropa. Cuando estoy casi vestido, vuelvo a escuchar el vozarrón de Mancini: «Solito, venga para acá». Me apuro y lo primero que veo cuando salgo es a vos caminando hacia Mancini, que te abaraja de volea con su clásico «¿Y usted qué carajo hace acá?». «Vengo. Vengo porque usted me llamó», le dijiste vos, tranqui. «Yo llamé a Solito, Ariel Solito. ¿Usted se llama Ariel Solito acaso?», medio batateándote, como siempre bah. Vos lo miraste y, sorprendido por la obviedad, le dijiste: «Exactamente: Ariel-Solito». Ahí al tipo se le retorció la cara y como un manotazo de ahogado me mira y me manda un «¿Y ahora usted me va a decir que también se llama Ariel Solito». Y yo, que ya sabía de vos pero nunca te había visto, lo miré a Mancini con la alegría solapada de quien es testigo del ridículo del tirano, y le respondo (te diría que con una sonrisa, irreprochable por otro lado por lo excepcional de la situación): «Eso mismo: Ariel-Solito». «Ma sí, váyanse a cagar», dijo revoleando el brazo derecho para atrás mientras se daba vuelta para salir pronto del entuerto. Y la verdad, qué querés que te diga... yo lo viví como la venganza de los Solito contra el más hijo de puta de todos los hijos de puta.”

Debo de haber bloqueado ese recuerdo desde el mismo momento en que se produjo la situación (ya por nominal herida narcisista, ya por los nervios por mi propio recuperatorio, o por ambas). Esa es la única explicación que le encuentro a haber olvidado el prodigio y a que, ante cada nueva tematización de nuestra tocayitud, me sorprenda como cuando recuerdo una pareja que conocí a mediados de los 90 –formada por Lorena Baibiene y Andrés Konstante– o cuando, despertándome agitado por la hora y las obligaciones pendientes, me digo con alivio “¡Pero si hoy es sábado...!”.

A la derecha, Ariel Solito; a la izquierda, también.

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06 febrero 2008

Olivia



Palpitando las vacaciones.


Addenda:

Aquí, el Tito del que se habla en los comments:


(es como si fueran primos)

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24 enero 2008

¿A ver a ver cómo es eso?

Si uno hoy hace la búsqueda «“tren bala” rosario córdoba», encuentra como segundo acierto una noticia de Clarín, de abril del año pasado, en la que dice que el tren de alta velocidad costará unos 1320 millones de dólares. Tal información es confirmada por Perfil, La Voz y La Gaceta, digo, como para dármelas de federal. La Nación por su parte, siempre mucho más metódica en el seguimiento de las cuentas oficiales –en general cuando estas son kirchneristas o aliadas–, coteja los anuncios con lo que figura en el presupuesto para este año y afirma que el costo total de la obra, según lo presupuestado por el mismo Ejecutivo, asciende a 11.627.415.143 pesos.
Por lo que se ve, es más caro el camino rumbo al NOA. Por otro lado, el proyecto arrastra el halo nocturno de toda modernización megalómana, al menos en un contexto como el argentino, con déficit infraestructurales muchos más urgentes. Aun así, para un proyecto de tal envergadura, no parece doloroso abonar cuatro cómodas cuotas anuales de 900 millones de dólares, con tal que lo terminen, claro, y podamos al mediodía comer un dorado en Rosario (pongamos que en la bajada España) y tomarnos un fernet en Córdoba capital ya a la tardecita. Todo sea por la integración argentina.
Más o menos esto último habrán pensado Cristina Fernández y Mauricio Macri cuando acordaron llevar adelante acciones conjuntas para el soterramiento del ramal Sarmiento e los tramos Caballito-Liniers-Moreno. Según La Nación, “el Gobierno evaluó que no le convenía enfrentarse con un mandatario que ganó con el 60 por ciento de los votos y Macri concluyó que a él tampoco le servía quedar fuera de la lista de obras que financia la Casa Rosada”. Yo hasta podría compartir la descripción. Lo que no termino de entender, más allá de que una de las empresas que llevará adelante las obras pertenece a un primo de Macri, es cómo puede costar casi lo mismo el tendido de 700 kilómetros de un tren de alta velocidad que soterrar 32 kilómetros de un tren decimonónico. Cuesta 1000 millones menos, un 9 por ciento menos. No lo entiendo.
Bah, entender, creo que entiendo, lo que no tiene es remedio.
Addenda
Ambos datos monetarios constan en el anexo al artículo 11 del presupuesto.
En línea con los grandes proyectos infraestructurales, este aporta su granito de arena a la incesante palermización de la ciudad de Buenos Aires y a su correlato monetario: el encarecimiento de la vivienda (¡vida paria en la burbuja inmobiliaria!).

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23 enero 2008

Bolsa de valores: a la baja

¡Ay, la fama, la fama! Maldita estragadora que levanta monumentos desde el barro, luego esparce pátinas perfectas sobre objetos que no lo son y así nos arrebata la chance de tocarlos y, por consecuencia, de conocerlos al dedillo. La fama y la genialidad son las hijas putativas de dios y la trascendencia, conceptos derivativos nunca corroborados que circulan orondos por la opinión y el juicio (como si estos fueran la misma cosa).
Como iba diciendo: Malala se compró un futón. Para el estreno, El Padrino III. El plan perfecto: observar, entre el sillón y el dvd, el magnificente ocaso de una familia brutal, en la consabida solvencia de un cineasta mayor. Coppola, el renovador de las formas del cine estadounidense, y el final de su obra consagratoria.
Ni mierda: El Padrino III es un fiasco. Hace unos días habíamos visto las otras dos. La primera, impecable, como podría esperarse de quien dos años después dirigiría La conversación, ese perfecto panegírico del encierro y la paranoia. La II, con su narración paralelística, oscila entre la belleza y la intrascendencia, amén de que como historia cerrada queda boqueando, invocando ansiosa una secuela. Pero la secuela llegó dieciséis años después, podríamos decir, ya en las postrimerías del talento del director, quien entregaría sólo una muy buena película más (Drácula). Incluso hay planos que parecen sacados Drácula, en una suerte de ensayo que le perpetra a la saga una fatal ruptura de su primigenia isotopía estilística. (También Al Pacino practica, para el futuro, su rol genérico de galán maduro con que asombraría a nadie en Perfume de mujer.)
De modo que en mi misérrima bolsa de valores, Coppola cae un 8 por ciento y ratifica la tendencia volátil del mercado, tal vez como efecto contagio de la crisis mundial, correlato financiero de un mundo desbaratado por sus propios dueños.
(Por el contrario Alta fidelidad sostiene estables sus valores, con una leve tendencia al alza.)

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17 enero 2008

Help!


No sé cuántos veranos hace que no paso enero en la ciudad. No es tan grave lo de los posibles cuarenta mil grados de sensación térmica como las cosas que leo en los diarios y pasan en mi oficina y zonas aledañas.
Me quiero ir. Macri me deprime, Michetti me paspa y los comentarios de los lectores de La Nación me crispan los nervios.
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07 diciembre 2007

X cuestión

Es viernes, son más de las siete de la tarde y este edificio donde trabajo está prácticamente desierto. El lunes se ha decretado asueto, así que me predispongo alegremente hacia un fin de semana largo. En la oficina de al lado hubo una fiesta de despedida del responsable, y cuando digo fiesta quiero decir exactamente fiesta: fernet con coca, champagne y vino, dance y regalitos + música a todo volumen.

La semana que viene va a ser otra cosa, pero por el momento disfruto de este letargo levemente alcoholizado:

M y G , los espero con los brazos abiertos... ¡y los puños cerrados!
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06 diciembre 2007

Lo malo y lo feo (lo bueno te lo debo)

Es sabido: si de prohibiciones programáticas hablamos, una especial celdilla de tal planilla de cálculo está reservada a la propaganda. Que tal discurso es necesariamente mentira (o, socialdemócratamente dicho, “necesariamente es una no referencia a la realidad cotidiana de sus consumidores”) lo sabe todo el mundo, al menos todo aquel que se haya puesto a pensar qué es y para qué existe la publicidad. En virtud de lo dicho, la campaña más odiada últimamente por mí es la de Sprite y su “las cosas como son”, ya que básicamente se dedica a decir: “Sos un gilastro. Por suerte podés tomar Sprite”.
De modo que, si de detestar ideológicamente algo hablamos, no hay propaganda que me guste. Pero a veces hay ejemplos (“acciones” es la palabra elegida por los gerentes de marketing) que se van a la mierda, por toda su intrínseca fealdad, y por las consecuentes contradicciones que ella genera en el interior del spot. Así que, señoras y señores, sin más ni más, con ustedes, lo que es para mí la peor propaganda del año, lejos:
La foto la tomé de sabadoalas9.wordpress.com, cuyo último post hasta este momento es un instructivo sobre cómo divertirse con cinco pesos (y ojo: ¡ sin gastarlos!).

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29 noviembre 2007

Y si mañana es como ayer otra vez...

Volver nunca es fácil, ni a casa, ni de vacaciones, ni a escribir un post, ni a la dura realidad de saber que toda libertad se cuaja en una sopa de coerción. (Los días pasan, uno a uno pero como en manada, como combos semanales.)
Hace algo así como un mes, integraba informales asambleas gremiales donde discutíamos la forma de reapropiarnos, cuanto menos dinerariamente, de parte del producto de nuestro trabajo asalariado. Días después despedían a una compañera. Y después... las razones esgrimidas por la empresa fueron de manual, tanto como sorprendente el hecho de que algunos compañeros las hicieran propias. Y después: según la patronal, 2008 nos es presentado como el año en que ganaremos entre un 20 y un 30 por ciento más. Y a mí me asombra tanto que no termino de aceptarlo; y entonces me pregunto si en ese aumento incluyen el pasaje de tickets a dinero, o si sólo es una promesa lanzada a volar para ser bajada, luego, por la gomera de un “lo que pasa es que el gobierno tal y tal cosa...”.
Hace un mes, en interiores, me preparaba para dos eventos que tendrían lugar en la semana siguiente: vacaciones litoraleñas y refacción hogareña. Las vacaciones estuvieron bárbaras, con un penúltimo día de 40 kilómetros en bicicleta por el Palmar de Colón que fue un delirio total, pero bien. La pena llegó el último día, a horas de regresar, cuando perdí la cámara de fotos de Malala... y su pen drive, y todas nuestras fotos.
Respecto de mi casa, volví con el trabajo a medio terminar; y cuando finalmente estuvo más o menos terminado (el domingo pasado), se desprendió la manguera que conecta gas con el artefacto-cocina y se prendió fuego el bajomesada.
Por otro lado, el odiado Banco Galicia, luego de pagarle 1062 pesos quince días después de haber tomado un “préstamo” de 990, me cobró una multa de 150 por haber sobrepasado en 90 pesos la cota por ellos estipulada. Recapitulemos: me dieron 990 cuya devolución completé quince días después; por tal servicio, me cobran 210 pesos; es decir, me prestaron a una tasa de un 40 por ciento mensual. (Aclaración: no estoy de ánimo para que me digan que “tasa” y “multa” son dos cosas muy diferentes; y, entre otras cosas, no estoy de ánimo porque 60 pesos difieren de 210 sólo en la magnitud, mientras que las condiciones de posibilidad de tales beneficios son en ambos casos las mismas.)
Por suerte Malala se compró un nuevo reproductor de DVD (el quinto en cinco años). Porque, la verdad, en este momento vería de nuevo el final de Zabriskie Point, esa explosión en que todo sale despedido de un centro fijo hacia una circunferencia siempre en ciernes. De hecho, esta espera del próximo gobierno, tiene para mí un movimiento similar: nos despegamos, saltamos, quedamos suspendidos, miramos hacia abajo, hacia arriba, y también hacia los lados, sólo para –cuando estamos por hacer tierra de nuevo– empezar a avizorar con quién haremos alianza.

Por suerte está YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=9rxpfO90mg8. Alrededor de los dos minutos y medio, queda claro que... ¡¡vienen por el agua!! (Je je... En serio: es para verlo todo, pero después de los 5’ 10’’ es sublime.)

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06 noviembre 2007


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03 noviembre 2007

¿Y para cuándo una resolución para editores?









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28 octubre 2007

Mano de obra ocupada (con un celular)

Cerca de mi casa, pleno Palermo castrense, pasamos Malala y yo frente a un chico de entre 19 y 22 años, morocho, flaco, cinturón, camisa blanca dentro del pantalón caqui, quien, celular en mano, dice: "Pero nosotros no queremos matarlo, pelotudo, queremos asustarlo". Nos miramos Malala y yo, y redujimos un poco la velocidad de marcha. "Bueno, bueno, todo bien, pero fijate por dónde anda."
Un rato después, pasé de nuevo por el kiosco frente al que estaba hablando el muchacho y lo vi recibir a un grupo de cuatro chicos de sus edad, algunos vestidos con ropas camufladas, prestos a tomarse una cerveza después de todo un sábado (para colmo, preelectoral) de trabajo a destajo.

PD: En estos días estaré atento a las noticias de policiales, que suelen aparecer como hechos aislados, condición que dura en nuestras mentes sólo hasta que raspamos un poco su pintura.

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24 octubre 2007

Me recontracago en el Banco Galicia: el efecto Pelagatos


Umberto Eco codificó una forma de la distribución de la información y la llamó “efecto Pelagatos”. Pelagatos es uno de los tantos marineros de un barco cuyo capitán los cita para decirles que a uno de ellos (a Pelagatos, desde ya) se le ha muerto su padre. El modo de informar es el siguiente: ante la formación en fila sobre la cubierta, se les pide que den un paso al frente todos aquellos marineros que tengan a su padre vivo; cuando Pelagatos da su paso al frente, el capitán le descerraja un “«Vivo», Pelagatos, dije «vivo» ¿o no entendió?”. Eco dice que así operan los medios masivos.
Pero es sabido que los medios manipulan la realidad sólo en la medida en que la economía ya lo ha hecho previamente. De modo tal que el efecto Pelagatos no se restringe sólo a la información y la opinión publicadas, sino que se da, entre otros casos, en eso que se conoce como “letra chica” (“está acá, bien clarito, ¿o no lo leyó?”). Pero el efecto Pelagatos en los intercambios y contratos comerciales no se detiene, y también te lo pueden enrostrar de palabra.
Durante los últimos tres años, saqué plata del cajero apretando la opción “cuenta corriente en pesos”. Claro que hasta este mes, nunca había tenido cuenta corriente alguna, pero el sistema validaba mi error dándome el dinero de mi caja de ahorro. Sin embargo (más bien debería decir “con embargo”), hace poco me habilitaron una cuenta corriente (cuya apertura me informaron de palabra), de donde terminé extrayendo a principios del mes esos primeros 990 pesos que pagan las cuentas que sostienen mi infraestructura vital. El domingo pasado, sorprendido por tener en la caja de ahorro más plata de la que suponía, pido los últimos movimientos y me entero de que tengo una deuda, hasta el 19/10/2007 de mil pesos. Cuando el lunes llamo al banco para enterarme qué está pasando, se me informa que estoy operando en rojo por sobre el monto establecido y que, por lo tanto, debo 1040 pesos. Es decir, en quince días, el Banco Galicia se hizo con cincuenta pesos, un tercio de lo que me quedaba para llegar a fin de mes. Indignado, pregunto cómo puede ser que no me avisen. La conchuda del banco me respondió: “¿Y qué querés? ¿Que te llame todos los días para avisarte que tenés una cuenta corriente”. Efecto Pelagatos. “Mató tu onda”, le dije y corté.

PD: Y no, no esperaba que me llamen todos los días, con un aviso en el cajero automático hubiera bastado, algo como “Ojo, macho, que es la primera vez que hacés esto, ¿tas seguro?”. Con eso solo hubiera alcanzado, tampoco soy tan pelotudo (Pelagatos, sí, obvio).

PD 2: Con este post siento que el lema del blog es harto adecuado.

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21 octubre 2007

Carteles eran los de antes, por Tweety

Las cosas están cada vez peor...
Paseando por las calles de Caballito, quien les habla se topó con un cartel que exponía la leyenda "Desarrollo integral para el niño atípico".
Gracias a Dios (que debe ser japonés), pude sacarle una foto para llevarla conmigo adonde vaya.
Ya había tenido experiencias de este tipo: carteles mal puntuados o de frases muy graciosas, pero este era muy especial.
A ver si me ayudan. ¿A alguien se le ocurre qué podría ser un niño atípico? ¿Y qué es un desarrollo integral? La cuestión es que mi mente se disparó hacia lugares inesperados...
Hice miles de constructos para tratar de solucionar esto que para mí era un problema gramatical hasta el momento... Luego de un rato me di cuenta de que era una falta total de ética dialéctica (si tal cosa existiera). Las cosas se complicaron y no pude evitar pensar en la gente que es responsable de lo que este grupo de animales llama "niño atípico".
Ya me parecía horrible el eufemismo de decir "es especial", y esto tocó fondo. A partir de ahí se dispara lo que me gusta llamar el efecto Montgomery Burns: Quiero ser bueno, comprensivo y tolerante... y termino siendo la peor basura... No dudo de la buenas intenciones del "niño atípico" que redactó el cartel, pero quiero saber qué pasaría si al notar que un niño se comporta de manera estúpida e irresponsable se lo justifique diciendo "pobrecito, ¿no ve que es atípico?"
¿Y acasó la gente típica no necesita un desarrollo integral también?
La palabra "integral" implica un concepto de unicidad, por lo menos en lo que respecta a la etimología. Entonces, bajo la lógica del autor de la marquesina, porque son los menos, son atípicos... Y como yo soy un buen tipo los aislo y les hago creer que el mundo llega hasta la puerta de calle.
No sé qué piensan ustedes de esto, pero no me suena a integral, es más: me suena a parcial.
Pero dejemos de lado esto un segundo... Un amigo mío se paró enfrente de un montón de gente y se atrevió a llamarlos "boludos" porque estaban apoyando a su novia en la cola (de un recital)... Con esto no quiero decir que boludo y atípico sean sinónimos, pero la cuestión es que eran boludos, pero también eran una banda... y lo molieron a golpes.
La boludez tampoco es algo atípico, pero se encierra al niño atípico para que no moleste al boludo típico. Me parece que la persona que craneó tal mamarracho nunca se imaginó que la palabra implica una responsabilidad, y en lo que a mí respecta, lo siento como un insulto a mi inteligencia.
Lo dejo a la opinión de gente mucho más capacitada e invito a los visitantes de este blog a escribir acerca del tema.
Una parte colorinche: ayer, mientras practicaba el deporte extremo de pegarle al ramal del 96, me crucé con otro cartel, pero este decía: "José Igancio Rucci CREADOR DEL PACTO SOCIAL".
No sé qué decir con respecto a esto, o yo soy muy ignorante o este tipo nació hace 250 años. Estuve pensando en hacer un cartel propio y se me ocurrieron los siguientes lemas:
"Tweety, el autentico creador"
"Tweety, el autor de la divina comedia"
Lo voy a charlar con mis asesores de imagen, a ver qué recomiendan...

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18 octubre 2007

Nuevamente

Estoy esperando las vacaciones.
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12 octubre 2007

Noticias neozelandesas

De Chela, nuestra corresponsal en Wellington:
Acá el rugby es todo, los All Blacks son lo único que tienen, y todo es All Blacks. Pero lo que es gracioso es que no es de fanáticos, es de “es lo que nos conecta con el resto del mundo”. No tienen música, no tienen cine (bueno.... El amor y la furia sí, y Criaturas celestiales, claro), ¡ni siquiera tienen una comida tipica!
En fin, para cubrir todo este “vacío” están los All Blacks, y no lo digo criticando, eh. De hecho, me parece que está bueno. En fin, los privilegios de no pertenecer... Los All Blacks cubren muy bien ese vacío y NZ los ama.
¿Qué te puedo decir? Fui a ver dos o tres partidos a bares, está bueno, la gente se fanatiza, pero nunca tanto como lo puede demostrar un buen bostero. En los bares, la gente va y toma birra, ese es el plan... y ver el partido, obvio. Un buen plan.
Yo, como te imaginarás, me siento un poco incómoda, porque como “somos extranjeros” no sé si estoy habilitada para festejar. Pero cuando puedo, meto algún “uuhhh” o “¡nooooooo!” y nadie me entiende, claro.
La gente toma cerveza y yo siento que cuando termina el partido, ganen o pierdan los All Blacks, todo se acaba. Eso me genera un poquito de vacío, y pienso: “Pero loco, ¿no eras tan fanático? ¿Cuándo es que van al Obelisco (o algo así) a festejar?”.
Ellos, los kiwis, hacen todo así: en el momento se excitan; después, nada.
También fui a ver un partido de los All Blacks a la cancha, cuando estuvimos en Auckland. Ahí la pasé bomba, salvo porque tenía al lado una mujer (que se tomó ocho botellitas de cerveza) que todo el tiempo gritaba “¡try!” o “¡come on!”.
Te cuento lo que me pasa a mí: el otro día estábamos con Coqui mirando un partido, y yo le dije: “El rugby es el deporte del futuro”, “descubrí el rugby”. Y no es porque esté en este país (que de hecho acá la gente es bastante fría). El otro dia, chatendo con Diego le comenté que me encantaba el rugby porque me parecía muy “esta pelota es mía, y no me la vas a sacar y te empujo porque tengo que pasar”. Y es así. Por suerte desconozco las reglas del rugby. Pero los veo, tirándose unos arriba de otros, empujándose para sacarse la pelota, da la sensación de que vale todo. Me encanta.
Sí. Si estuviera en Argentina estaría fanatizada con Los Pumas, seguro, jajajaja.
No sé si llegaran a jugar Los Pumas con los All Blacks, pero me da la sensación que en Argentina lo están viviendo a lo loco, todo el mundo habla de Los Pumas.
No sé cómo voy a terminar este mail, así como no se qué voy a hacer cuando se acabe el mundial de rugby, que tal vez sea el domingo, contra las gacelas sudafricanas.

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La coherencia del fútbol argentino

Después de días y días de lluvia, de millones de gotas precipitadas, finalmente la AFA decidió que
esta noche, en La Plata, se completen los 67 minutos pendientes del partido de la octava fecha que se postergó por lluvia.

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09 octubre 2007

Miscelánea (escenas de ayer, hoy y siempre)

Ayer
Veo desde el colectivo 93 (de Las Heras y Salguero a Córdoba y Carranza), el ambiente es de este lluvioso frescor que acompaña nuestra alicaída primavera. A la altura de Metrópolis, un morochito de no más de 20 años, esmirriado con campera y mochila, es pecheado por un cana (también morocho él, pero con uniforme y reglamentaria). Cuando ambos pechos terminan de rebotar, el cana pide ver el interior de la mochila. El pibe la abre y le enseña que dentro no hay más que un sánguche envuelto en papel film y un sobre de papel madera todo arrugado y un par de boludeces más. Zafó el pibe, pero la próxima... (Que alguien me confirme o desmienta, pero hasta lo que yo tengo entendido, en Capital la policía no tiene derecho de revisar ni bolsillos ni bolsos.)

Hoy
Colectivo 65 (de La Plata y Carlos Calvo a Dorrego y Guzmán). El ambiente es el mismo de ayer y el colectivero juega carreras con cualquier motor que se le ponga a la par (cuando el bólido competidor es un colectivo, la carrera se pone áspera). A veces, sin carrera de por medio, la aspereza sin embargo continúa. Si no, preguntarle al dueño del nuevo sedán blanco que quedó sin espejo retrovisor y con un largo y grueso rayón en sus puertas izquierdas.

Siempre
La deuda externa (de Rivadavia y Baring Brothers a Kirchner y Emisión de Bonos) suma 140 mil millones de dólares. Para que después digan que ya dejó de ser una pesada carga para los argentinos. Daniel Muchnik nos lo explica un poco.

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Vuelve la sodamanía...

...y para constatarlo, no hace falta más que recalar en esta primavera cero que tanto nos viene hinchando las pelotas.
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04 octubre 2007

Escalofriante

Salgo a hacer las compras y veo el primer camión de mudanza que anuncia la llegada de los nuevos vecinos al edificio recién emplazado junto a mi casa. Ya se están yendo, guardan los canastos vacíos. Cierta visión me paraliza, en uno de los canastos un cartel reza: "cuarto trillizos".

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28 septiembre 2007

The Ring

Hace un par de noches soñé con el anillo. En un momento me miraba las manos y estaba ahí, en mi dedo anular. Recuerdo haberme dicho: "El caño, tengo el caño".
El caño se perdió el año pasado. Se perdió en una de esas zonas grises que se traman entre el descuido y el robo de perfil bajo. Lamento la rima no tan involuntaria, pero es así: el caño se fue en un baño. Lo olvidé y cuando volví a buscarlo alguien lo había encontrado antes que yo.
Lo lloré, me había llegado como en una casualidad y yo lo quería. Era mío, me gustaba.
Encontrarlo en el sueño no me pareció natural, casi en el mismo instante me di cuenta de que era un sueño, no era posible que ese anillo estuviera en mi dedo, ese anillo estaba perdido para siempre.
Así pasa con algunas cosas, un día desaparecen de tu vida y te dejan un vacío. No es la cosa, es lo que uno ha depositado en la cosa, es con lo que uno ha investido la cosa. Y un día la reencontrás y es un sueño, y si la encontrás de verdad, lo que vivís parece un sueño.
Entonces: hace un par de días el anillo me soñó, me soñó para mostrarme dónde, en qué puto lugar, se estaba estacionando un vacío nuevo que ando estrenando estos días... porque desde esa tarde del baño, el anillo sabía que iba a compartir algo del orden de mis desaparecidos y yo todavía no lo sabía.

Recién me lo dijo hace un par de noches.

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25 septiembre 2007

Estudiante primavera, por Tweety

Una vez leí en este blog una frase que rezaba: “...Qué mérito hice yo para que me feliciten por el día de la primavera...”. Creo que Ariel decía, pero no me acuerdo.
De todos los pseudoacontecimientos, el día de la primavera es mi favorito, porque es el más feliz de todos, creo. Cada año, millones de adolescentes embarazan a sus novias por esta fecha... Sí, sí, hagamos cuentas: si naciste a fines de junio o en julio, sos producto del frenesí descontrolado de las hormonas setentetosas u ochentosas de tus padres, que en algún momento, y aunque intenten hacer todo lo posible por aplacar tu adolescencia tardía, también “la hicieron!”.
Estaría bien ponerse de buen humor y hasta festejar el día de la primavera siempre y cuando uno sea adolescente. Pero a ver, nosotros –adulto joven entre 23 y 33, masomenos– no podemos festejar el día de la primavera, o por lo menos no está bien visto. Sin embargo sí podemos festejar el día del estudiante, claro que si tenés más de 30 y estás festejando el día del estudiante, mejor que sea el día del “estudiante de Zubeldía” (glorioso equipo pincharrata campeón del mundo), aunque en mi opinión personal el estudio dignifica. Pero el día que mi amigo Washington le dijo eso a su padre, fue la última vez que lo vio... pasó lo esperado: mi amigo de 28 años fue puesto “de patitas en la calle” y nunca pudo terminar su curso de souvenirs para baby showers.
Pero todo este razonamiento viene a una sola cosa: ¿Cómo llegamos a que el día de la primavera y el día del estudiante sean el mismo? ¿Dónde se tocan estos acontecimientos? Le pregunté a grandes sabios de la cultura como era este fenómeno y lo comparto con ustedes.
En el año 1678 un párroco escolástico experimentó un fulminante enamoramiento hacia un monaguillo, claro que era el siglo XV (para lo que no saben de los números romanos, es el siglo equisvé), así que podrán imaginarse cómo terminó la anécdota... El párroco se acercó al monaguillo mientras este retozaba debajo de un níspero y le dijo: “Joven aprendiz, ya conocéis las enseñanzas de Dios, ya conocéis los mandamientos de Dios, ya conocéis los textos de Dios... ahora te voy a mostrar la cara de Dios!”. El joven monaguillo observó cómo el párroco dejaba caer sus vestiduras, lo miró a los ojos, se irguió con fruición y lo cagó a trompadas. Claro que el monaguillo se convirtió en el ídolo del monasterio, por lo que se declaró el día 21 de marzo como el Día del Estudiante, en recuero de la paliza que le propinó el aprendiz a su propio maestro. Nota al pie: en el hemisferio norte el 21 de marzo es el día en que comienza la primavera.
Con respecto al festejo del día del comienzo de la primavera es tan obvio que no vale la pena explicarlo, ¿no? ¿Pero por qué se festeja? El equipo de investigaciones científicas de Wisconsin, con sede en la sociedad de fomento de Burzaco, declara en su manifiesto “Razones de festejo del Día de la Primavera” lo siguiente:

"Serán invitados todos los hombres a regalar flores a las mujeres de su círculo social, para evitarles oler (aunque sea un día al año) los ofensas que despiden de sus malolientes cuerpos. Pero son los hombres los que deben convencer a las mujeres de que ellas son factótum del festejo e incluso del mismo comienzo de la primavera, y que esto no tiene nada que ver con la física y mucho menos con la astronomía. Es más: este equipo de investigaciones desconoce la existencia de un subversivo conocido como Copérnico."

Estas son solo algunas citas de aquel magnífico libro que daría vida al personaje de Ennio Pistacho magníficamente llevado al cine por el gran Rocco Siffredi en Como es el día de la primavera, llevaste este ramo y sus muy exitosas once secuelas.
Como siempre, al final de tanto, no tenemos absolutamente nada, no llegamos a ninguna conclusión. Pero como decía el célebre filósofo Tsun-Tzu: “En la vida como en el TEG, hay que poner una fichita en todos lados”.
Amigos y amigas feliz primavera, aunque no hayan hecho ningún mérito para ser felicitados.

Tweety, 2007, todos los derechos reservados.

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17 septiembre 2007

La X de la cosa

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14 septiembre 2007

El modelo chileno

El lunes o martes de esta semana, leía la contratapa de Página. Allí, Leonardo Boff describía la más firme hipótesis de conflicto global que manejan las fuerzas armadas nacionales, empezando por las de la nación imperial. El texto comenzaba así:
«La frase “choque de civilizaciones” como formato para las futuras guerras fue acuñada por el fracasado estratega de la guerra de Vietnam Samuel P. Huntington. Pero para Mike Davis, uno de los más creativos investigadores estadounidenses en temas actuales como “los holocaustos coloniales” y la “amenaza global de la gripe aviaria”, la guerra de civilizaciones se daría entre la ciudad organizada y la multitud de villas miseria del mundo.»
El miércoles ardía Santiago, con un fuego villero que obligó a los tristemente célebres carabineros a hacer mutis por el foro, no sin lamentar el primer muerto carabinero en años. ¿Qué otros países latinoamericanos seguirán pensando en recorrer el camino de Santiago?

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09 septiembre 2007

Medianoche de domingo

Es domingo, y ya pasó el asado. Y pasó la abuela nonagenaria con sus achaques al cuidado de la madre –aplicada, sexagenaria y con novio nuevo– y de la tía; y pasó la hermana tardo veinteañera, su amiga y las nuevas vigas del parral.
Pasaron –siguen pasando– con entereza.
Es domingo, son las once y diez de la noche y escucho a la Fitzgerald cantando “Easy to Love” mientras miro de reojo a Malala, que siestea tierna en plena noche. Después la escucho a Ella cantando “You’re the Top” y me reconforta reconocer un par de gallos o carrasperas inscriptos en la grabación (“para que sepamos que es humana”, diría Víctor Hugo).
Es domingo y medianoche: cambia la semana. Se da vuelta y ya es otra.

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Esto NO es transparente



PD 1: de la Tribunísima de Opinión del jueves (miércoles porái) de la semana pasada.
PD 2: gracias, Sereneider (por el formato, ¿vio?).
PD 3: un amigo me dijo "Esto un par de votos te pianta...". Y yo me reí asintiendo.

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03 septiembre 2007

Amenaza no, advertencia

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30 agosto 2007

La educación sentimental

Mi retorno al trote por los senderos del bosque (de Palermo) me puso la autoestima muy arriba. Recuperar cierto control muscular, reponer el aire, proyectarme en autos y trenes que pasan cerca, abstraerme por un rato. No sentirme vecino de la zona pero tampoco forastero. Ver autos alemanes que no envidio ni deseo. También reconocer los bemoles de nacer en cuna de oro y, entonces sí, la gloria de escuchar una frases como: “Mirá, hijo. Todo lo que decís, se puede conversar. Pero si antes no la respetabas como madre, ahora la vas a tener que respetar como jefa. ¿Está claro?”. Tradición, familia y propiedad para principiantes.

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29 agosto 2007

Salta la leche cuando hierve

"En aquella época, se pusieron de moda unos largos alfileres de sombrero que las señoras, al saberse observadas, introducían en el agujero, sin reparo de pinchar el ojo fisgón (después, en Él, recordé este detalle). A fin de protegernos de los alfileres, nosotros poníamos un pedacito de vidrio en las mirillas.
Uno de los hombres más recios de Calanda, que se hubiera muerto de risa si llega a enterarse de nuestros problemas de conciencia, era don Leoncio, uno de los dos médicos, republicano acérrimo que había empapelado su despacho con las páginas en color de la revista El Motín, publicación anarquista y ferozmente anticlerical, muy popular en la España de entonces. Todavía recuerdo uno de aquellos dibujos. Dos curas gordos sentados en una carreta y Cristo, enganchado a las varas, sudando y jadeando.
Para dar una idea del talante de la revista, veamos cómo describía una manifestación celebrada en Madrid, durante la cual unos obreros atacaron violentamente a unos sacerdotes, hiriendo a varios transeúntes y rompiendo escaparates.
«Ayer por la tarde, un grupo de obreros subían tranquilamente por la calle de la Montera cuando, por la acera contraria, vieron bajar dos sacerdotes. Ante tal provocación...»"

Luis Buñuel, Mi último suspiro, Barcelona, De Bolsillo, 2000

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27 agosto 2007

Qué tarro

Más allá de las definiciones, siempre un poco antojadizas que den los diccionarios –empezando por el drae, que tanto me la viene sudando últimamente–, ¿a ustedes les parece como a mí que los significados de “pote” y “frasco” refieren más o menos a un mismo objeto de la realidad y sólo difieren en que el pote es de plástico y el frasco de vidrio?

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