11 mayo 2007

En camino a Oleup (Oleup II)

Durante años –durante los años de mi auténtica juventud, cuando yo también prometía– me fui de viaje al sur. Y este año volví al sur, huyendo de este hueco que –sabía– habría de encontrar también allí. Será por eso, por toda la distancia que ha quedado en medio (la misma que media entre las promesas y su cumplimiento o cancelación), que me fui convenciendo de que aquello que me sostiene es lo mismo que se me resiste.
Venía agobiado por un ritmo, en la ciudad y en mí, marcado por la propaganda, las conversaciones escuchadas y los destellos de mi propia conciencia diciendo: “Más rápido. No vas a llegar”. Y había, en expansión, también una rima encadenada que empezaba en dinero y sueldo y terminaba en huero y huevo (suero tal vez).
Mi plan de viaje era lógico y cabal aunque, basado en mi connatural interpretación paranoica, ni siquiera se lo comenté a Malala. De haberlo hecho, de haber reconocido mi propia peligrosidad, no estaría ahora en esta situación, contando para nadie la causa de este encierro. Ahora, miro mi barba en el espejo. Ya es tupida, y entre los pelos negros, veo los rojizos y las canas, y recién en esta luna vislumbro quien pude haber sido y quien seré.

10 mayo 2007

Reflexiones microcéntricas

Cuando Buenos Aires me espanta +


A mí me parece que los autos deberían venir con un dispositivo que, si se toca la bocina más de... no sé... 4 segundos en menos de... no sé... ponele que dos horas, hiciera que el vehículo, su conductor y su maldita impaciencia vuelen por el aire.

30 abril 2007

Oleup, puerta dimensional (Oleup I)


En plena mitad del siglo XX, las particulares obsesiones de Pauline Rieper y Juliet Hulme encontraron su cauce, contención y desborde en un delirante y compartido Cuarto Mundo, romántico espacio que expandía sus sentidos con historias que ramificaban sus tramas de familias reales, casamientos y asesinatos políticos. Ese ambicioso árbol de linajes imaginarios creció tanto que llegó al primer mundo, al real, y la madre de Pauline encontró su muerte en una piedra metida en el fondo de una media de nylon, cuyo otro extremo sostenía su hija, que si bien se esforzaba por dar buenos golpes, más empeño ponía en creer que, finalmente, ese matricidio conllevaría sus mejores y más delirantes sueños.
Podría escribir líneas y líneas sobre Criaturas celestiales, la mejor película –por lejos– de Peter Jackson. Pero la mención de este film basado, como suele decirse, en hechos reales, tenía su causa, su acento, en el otro lado: el Cuarto Mundo, ese espacio mental que ellas –como todo el resto de la humanidad– delinearon para entender e inventar, para resistir y subvertir.

La foto que abre este post muestra la puerta dimensional de acceso al Cuarto Mundo. Su ubicación: paralelo 42° sur, casi esquina Cordillera. Su aparición: abril. Su nombre: Oleup. Y es muy posible que algunas de las historias que esconde su aire sean publicadas por este mismísimo medio. Ojo.

28 abril 2007

A la pesca


Tengo un amigo que bien podría colaborar con este blog, tan es así que en realidad ya lo ha hecho (e incluso fue él quien abrió este blog, junto con Malala). Se llama Diego, y su apellido me lo reservo por lo mismo que reservo el mío: porque la reticencia es la máxima apuesta de Narciso. Se llama Diego, decía, y hace unos meses fue a ver Estudiantes-Gimnasia de Jujuy. La gracia es que recorrió en micro todo el trayecto que une Buenos Aires con San Salvador en el mismo micro que llevó a la barra brava del Pincha.

Este es un post para que él mismo escriba otro con esas impresiones que, al menos a mí, no dejan de cautivarme.

26 abril 2007

La distancia va perdiendo su espesor

Domingo 9 de abril, 13.43hs, Lago Puelo

El viernes fuimos en auto a un día de camping en el río Manso. Allí conocimos a Enrique y Blanca, progenitores de Axel, amigo de Carolina, hija de Beta y Raúl, nuestro matrimonio huésped (“huésped” en el sentido de propietarios que nos hospedan, claro). Enrique es investigador de Conicet y Blanca es médica, y decidieron hace seis meses radicarse en El Bolsón. No son viejos pero cargan con sus 60, por lo que no resultaría raro que lo estén pensando como su último lugar de residencia.
Casi lo primero que vi de ellos fue a Blanca haciendo callar a Enrique cuando éste hablaba sobre asuntos impositivos: “Cortala. Es aburrido. Lo del asado está bien, pero esto es aburrido”, le dijo como a los gritos, aunque hablara apenas con el hilo de voz que su disfonía le dejaba emitir. En el almuerzo –al que había contribuido con sendas ensaladas de endibia y radicheta–, Blanca dijo también que está proscripta y que es por eso que no puede trabajar. (Desconocemos la causa de su proscripción.) Enrique, por su parte, es de ascendencia alemana: su padre llegó al país en 1948; y me comentó, mientras se hacía cargo de ese asado casi familiar, que le gustaba la vida al aire libre y la pesca. “Después me voy a echar un tirito por ahí”, me dijo mientras daba vuelta el cordero.
Axel, su hijo, es rubio y risueño, creía que “El arriero” era una canción de Mollo, tiene ciertos modismos a lo Macri y a veces dice “me taré” y hace trampa jugando al chancho, juego en que descuella.
En fin, es sólo un recorte.

Otro: La remisera que nos trajo ayer desde El Bolsón hasta el Lago Puelo llegó a la Comarca Andina hace unos años. Ella es rosarina, y decidió emigrar luego de que su madre fuera golpeada –en presencia de su nieta– hasta quedar en coma una semana. En ese momento dijo basta y se fue: “Acá viene mucha gente escapando de la inseguridad”. Siete días demoró el viaje de mudanza Rosario-Epuyén en una vieja camioneta: “A la salida de Bariloche, en la subida de Onelli, una persona a pie iba más rápido que yo. Yo rezaba y aceleraba, y mientras me figuraba con mis cosas en el lago”. En la comarca ella se siente mejor. Dice que ganó en calidad de vida, y si bien acá no hay tantas cosas como en Rosario, allá tampoco tenía la plata para comprarlas. “Ahora me siento más protegida, aunque tengo que reconocer que al principio me aislé un poco (apenas llegué un tipo me prestó cien pesos y yo no lo podía creer). Lo que pasa es que la gente viene acá con muchos miedos, muchos mambos personales, y entonces los continúa.” Su hija ahora es adolescente y ella no tiene temores de que salga de noche. “Como mucho, yo le digo: «Que te abran la botella adelante tuyo, para que sepas que no tiene nada raro adentro». Yo pienso que, en todo caso, si se droga, se droga con algo de acá: un porro, una línea». Pero allá en Rosario ya estaban vendiendo tubo fluorescente molido...”.


25 abril 2007

Pasajeros en tránsito

Sábado 8 de abril, 19.37, desde Lago Puelo
Sentado en el suelo frente a la plataforma 10 de Retiro, con la espalda apoyada en el vidrio, Malala a mi derecha y la mochila a mi izquierda, cantaba con una mezcla de cinismo y candidez: "Toma el tren hacia el sur, que allá te irá bien". La miré y sonreímos.
Sabemos o recontrasabemos, más o menos desde los 3 o 4 años, que el viajar es un placer. De tal modo, Malala y yo partimos hacia Bariloche, con destino final –aunque también sabemos que todo final es provisorio (menos la muerte, claro)– Lago Puelo, pueblo de la comarca andina de la latitud 42º. A partir de aquel recalcitrante saber, y de nuestro propio malestar en la cultura, poco nos importó que por desconocidos motivos el trayecto hasta Bahía Blanca haya demorado dos o tres horas más de lo habitual. En definitiva, por delante quedaban las buenas horas de esas hospitalarias montañas.
En la duermevela del viaje en Coche Litera (para Cama le faltaba un poco), llegamos a Cipolletti. Parpadeamos un par de veces, y de a poco nos fuimos haciendo a la agradable idea de bajar a estirar un poco las piernas y, de paso, conseguir entender que lo que decían las voces que terminaron de despertarnos era que teníamos que desviarnos para llegar a Neuquén. Pero no nos importaba. Después de Bariloche todavía nos quedaba el camino hasta El Bolsón, donde nos recogerían una suerte de tíos de Malala para llevarnos hasta su casa en Puelo: todavía faltaba mucho y lo mismo daba si eran diez o trece horas más.
Bajamos y, por desdeñosa responsabilidad con nuestro propio placer, le preguntamos al chofer por qué teníamos que desviarnos. “Están cortados los puentes, son los docentes.” Fuimos hasta el sol a fumar un pucho y cuando volvimos a subir Malala ya tenía Río Negro en sus manos. Al ver la tapa le comenté: “Cortar es poco, tendrían que rociarlos con petróleo y quemarlos a todos”. En resumidas cuentas, en ese desviado trayecto hasta Bariloche nos enteramos de que la policía neuquina había vuelto a asesinar, que el que disparó el arma homicida era un criminal juzgado, que había muchísima bronca y que sin embargo todas las paredes de la zona soportaban pintadas de Sobisch Presidente. Y pensé que mis coordenadas políticas daban que Kirchner me genera aquiescencia, desconcierto y bronca, pero que hay tipos que lisa y llanamente me generan odio. En fin, lo que se dice “el juego de la democracia”.
Lo que sí: recién paseaba por la feria de El Bolsón, con mi conciencia política soterrada bajo la función turística y las fantasías de escape, hasta que un cartel me acomodó la mirada. Era de una organización de mayoría mapuche que, en repudio del asesinato de Fuentealba, decidía no abrir este sábado: “Mientras ustedes compran y nosotros vendemos, ellos asesinan”. Comprendí que, aunque recién llegado, ya era parte de la casa. Y sonreí con ironía y ternura. Y me sentí bienvenido.

04 abril 2007

Agarro La mujer ducha. Ya lo leí pero no importa: un cuento hasta llegar al trabajo. “San Jodete, apóstol de la Desgracia” empieza ahí nomás del kiosco de diarios: “… y fría de 1969 en que el Panadero Díaz pegó dos cabezazos en el enigmático arco de All Boys e innumerables patadas entre el tobillo y la cadera del wing derecho de los…”. Sonrisa, con ganas pero sólo sonrisa. La segunda página me alcanza ya sentada del lado del andén en que me voy a bajar: “Y bueh… Hay que joderse, compañero”. Sonrisa. Las estaciones se van apelotonando y las frases también: “la frecuentación de tribunas perdedoras y barras más melancólicas que bravas”, “incluso llegó a componer algunas piezas a las que el olvido ha hecho justicia”, “Pero no debo llorar/ por este sino fulero:/ mi destino de balero/ siempre detrás de un aujero/ sin poderlo concretar”. Sonrisas, alguna con ruidito y finalmente una breve carcajada.
Viajando en San Jodete, más o menos por la estación Pueyrredón, distraída del resto y de excelente humor, me veo interrumpida por el hombre sentado a mi izquierda que, incontenible, agarra mi libro para mirar la tapa mientras dice: “Disculpá, pero quiero saber qué vas leyendo que andás tan entretenida”. Sorprendida por el sismo de letritas, aunque simultáneamente tranquilizada por las palabras del señor, le digo que se llama La mujer ducha. El tipo se pone los anteojos, hojea la tapa y me pregunta si es un libro para mujeres. Yo misma me pregunto qué es un libro para mujeres, pero mientras le digo que no, que es para personas, que es un libro de cuentos y que el que estoy leyendo en este instante se llama “San Jodete, apóstol de la Desgracia” y trata de un cobrador del Racing Club de Avellaneda y que es bastante futbolero. Mira nuevamente la tapa y me pregunta por Juan Sasturain, por su nacionalidad, le digo que sí, que es argentino.
Nuevamente con todas las letritas sobre mi falda, trato de volver al Quitapenas, donde se llevan a cabo las primeras prédicas del mítico nacimiento de San Jodete… pero ahora sí estoy distraída y la fatalidad recae sobre el libro que dejo abierto pero sin dedicarle ninguna atención.

Hay que joderse.

27 marzo 2007

Además

Los desastres que también está causando la construcción a mansalva ¿no podrían ser causa de remoción del cargo aplicada al jefe de Gobierno de la Ciudad, con los mismos argumentos que bien se le aplicaron a Ibarra? No, ¿no? Pero ¿y si hubiera muerto toda la familia que resultó más o menos ilesa en Pedro Goyena y Thorne? ¿Ahí sí o tampoco alcanza? ¿Y si se alegara que pone en riesgo no sólo la vida sino también la propiedad de los ciudadanos?
Me pregunto.

Sintonía trágica

Perco trabaja en las noticias, desde hace bastante.
El año pasado, me sorprendió al decirme que había sospechado que yo estaba muerta porque en su cablera había leído de un accidente automovilístico en la esquina de casa. Ni lerda ni perezosa, le espeté que era una hija de puta, que cómo me iba a decir eso, que ¡¡¡por favoooooorrrr!!!


Enterada, esta mañana, del derrumbe en Pedro Goyena y Thorne, mi primer pensamiento le fue dedicado a Perco (seguro que la hija de puta pensó que el edificio derrumbado era el de al lado de casa), aunque me tranquilizaba que, como había participado de la mudanza, sabía de las quince cuadras de distancia que median entre mi morada y el sitio donde se emplaza la catástrofe.
La tranquilidad me duró poco, porque hace minutos recibí este mail:

De: Perco
A: Malala
Asunto: Bosnia, tu casa, un instante, mi mente
Fecha: Tue, 27 Mar 2007 17:33:18 -0300
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Siguiendo con mi sintonización en tragedia, hoy a las 6 de la matina, cuando avisaron que se había derrumbado una obra en construcción sobre una casa en Pedro Goyena al 1600, entendí al 160.
El que todavía no haya memorizado tu nuevo número telefónico te salvó de que te despertara con el otro teléfono que tenía a mi lado.
Besos.

Vidas imaginarias (parte cuatro): Mi pasillo


Yendo al punto. Buenos Aires. En barrios donde viven muchos conocidos nuestros, en estos momentos, hay unas 130 mil personas sin energía eléctrica. Que no tengan luz es grave, y muy grave para estructuras como geriátricos, hospitales, edificios de departamentos y comercios con heladeras. Gravísimo, y hubo quilombo. La falla no puede adjudicarse a equis cantidad de agua caída. Si suelen inundarse ciertas subestaciones de Edesur, bueno, queridos, ya deberían haber establecido puentes hacia puntos más altos. No es imposible, sólo cuesta dinero.
Por otro lado, hoy un avión aterrizó en Aeroparque sin cobertura de la torre de control: el piloto vio el lugar y se mandó. Hace un tiempo K informaba el final de la aviación civil controlada por la Fuerza Aérea. Siete meses después, con radares fuera de servicio, el descontrol sigue en aumento y esa parece ser la política a seguir.
A todo esto, Malala me decía hoy que la aburría enormemente con Heidelberg; y que la catedral de Brasilia fuera de tal modo y no de otro, no sólo le parecía lógico, sino que además la tenía muy sin cuidado. No sin dolor, por mi parte, acepté mi diletancia y el aburrimiento que puede generar, incluso en los seres que me conocen.
Me aboco, entonces. La infraestructura básica de esta ciudad está colapsando en ciertos barrios, que así y todo, son objetos de construcciones compulsivas que hacen tambalear aun más su equilibrio estructural. Desde ya, las nuevas viviendas son para consolidar los nuevos valores de las zonas elegidas y, de paso, para poner en circulación el excedente de las ventas de propiedades a precios más elevados. Las construcciones no apuntan a revertir el déficit de vivienda (eso es función del Estado, pero... cri cri) y cuando se venden no son accesibles para el 80 u 85 por ciento de la población. De modo tal que es lógico deducir que, así como aumenta la oferta, la concentración también aumenta. Y así siguiendo hasta repetir el proceso que se está dando en la impregnación palermitana hacia Villa Crespo, Chacarita, Coghlan; la sobresaturación de Caballito, Almagro y aledaños; la emergencia del fenómeno de las torres en barrios tradicionalmente bajos, que fueron puestos a disponibilidad por la extensión del subte (Villa Urquiza, Parque Chas, Villa Ortúzar, Agronomía); sin olvidar el desarrollo constante de reductos como Villa del Parque y Villa Devoto ni de la ciudad del Bicentenario que se están consolidando en la zona costanera, con Faena como mascarón de proa. (En la zona sur, lo único que se consolida es la pobreza, los asentamientos y la Corporación del Sur.)
La ciudad ha perdido su centro. Mientras, en un puñado de centros locales se monta una vida más o menos autoabastecida, que permite a quien vive, pongamos en Palermo, salir de la zona sólo en vacaciones.
De pronto, vi una Buenos Aires futura: un par de zonas universitarias, otra proveedora de contenidos, otra para los servicios financieros, otra para los legales, otra para el lujo de turistas y magnates locales más y menos gateros, y algunas otras más para la vida cotidiana de las familias. Potenciales aldeas, islas en cualquier caso, abastecidas por monopolios que pueden dejarme sin luz por un mes o hacer que mi (?) avión aterrice sin monitoreo de radar. Para completar: la concentración mediática detentada por Clarín y Telefónica deja la información relevante en manos de particulares que, porái, la publican o la leen por internet. Por esa senda, el futuro post apocalíptico que tanto me atraía en Blade Runner o Fahrenheit 451 (por no hablar del Gran Hermano de 1984) está, más que cerca, ya en mi cabeza. En estas circunstancias y con este humor otoñal, mi vida al menos (no quisiera embolsar a nadie en tan incómodo espacio) se me hace un pasillo más o menos largo, cuya mejor parte resiste en los rincones más fantasiosos.
Así llegado el caso, se me hace imaginaria por el grado de desconexión con lo profuso de la realidad. Así, por esa oscura senda, mi cinismo o mi pereza veía la vida académica en Heidelberg como un buen lugar para esperar el final, sea éste estruendo o gemido.

(Desde ya, me voy a poner las pilas, porque si no con este humor no la voy a pasar bien.)

26 marzo 2007

Vidas imaginarias (parte tres): Rumbo a Brasilia

Mi amiga Carolina, supongo que sonriendo y agitando la mano con dedos en montoncito, me pregunta qué se me dio por Heidelberg. Lo pienso y sé que no fue algo específico con esa ciudad, aunque ella tenga para mí ciertas remembranzas de historias oídas sobre burgos medievales. Es que, a través del relato de Rodrigo, vislumbré eso que suele llamarse –sobre todo si se vive en un pasillo– “ancho mundo”: otras ciudades, su marcación histórica, su función dentro de un contexto más amplio. Y a partir de ahí empecé a derivar a lo loco, hasta caer en mi inevitable comparación con Buenos Aires.

Habíamos hablado de Ginebra, por ejemplo, una próspera ciudad a orillas de un lago, sobre cuya orgullosa liquidez se renueva un chorro que bien pudiera ser de champán.Allí, un abogado en jefe gana cinco, siete millones de euros anuales, muchos tienen veleros y, a veces, también mucho frío. Es un espejo cuyos productos son relojes y dinero. En sus calles, en el lado oscuro de su luna (quiero decir: hasta las personas más caretas la consideran una ciudad aburrida), se hace real el temor de muchos porteños que no viajamos a Europa: allí, efectivamente, no hay kioscos. Y sus trabajadores pobres, a cuarenta minutos de tren, viven en Francia.
En la historia de Geo creo ver cómo Amsterdam se ha vuelto, digamos, menos receptiva con el extranjero, en contra de su propia historia, pero acompasadamente junto con Europa toda. Por su parte, Estrasburgo, símbolo de la reconciliación europea, acoge laboratorios cuyos jefes son adictos al trabajo, y no tanto al trabajo de la búsqueda de conocimiento sino de la obtención de resultados, sobre todo, publicaciones en revistas del rubro. El Estado benefactor de la Unión Europea es menos pródigo que el alemán de pura cepa.
De modo que, si uno quiere desarrollar una visión personal de su objeto de estudio, disponer de tiempo, al parecer, lo ideal es Heidelberg: universidad fundada en pleno medioevo alemán, en una ciudad que sigue su ritmo. La representación que yo me hice es: libros y tabernas.
De todos modos, como vida imaginaria, la de Heidelberg sólo funciona si uno estudia ciencias naturales o sistemas formales como matemática o física especulativa. Si uno quiere intervenir el mundo y no sólo explicarlo, el tema ya se complica.
En Europa (en la “vieja” al menos), con un campo homogéneamente subvencionado, las ciudades van adquiriendo un carácter propio, dado por las condiciones tan prósperas como estables. Privilegian sus "ventajas competitivas", tejen el entramado de la unificación europea y ganan cierta autonomía respecto de sus Estados nacionales (Barcelona en Cataluña y Bilbao en el País Vasco parecieran confirmar esta tendencia).
En nuestra América, las ciudades funcionales se dan poco. Hay un país, un estado, una ciudad capital y mucho campo en latifundio. Sin embargo, en Brasil también hay ciudades-función, Brasilia es todo un ejemplo, donde la abstracta planificación precedió toda su construcción. De tal modo, uno se lleva un chasco si espera ver un Congreso clásico en Brasil.
**************************Parlamento brasileño

Y si uno quiere ver una catedral así verá una asáEl hilo que ató toda esta deriva, es la capacidad de las empresas -asociadas o no a un Estado- de transformar nuestro espacio, reconvirtiendo las referencias por entre las que nos movemos. Por ejemplo, yo ahora me ubico más entre las parejas calles del Palermo que todavía se llama Viejo. Pienso: ¿Arévalo? A sí, esa donde están construyendo un bruto hotel donde antes había un bruto edificio abandonado (una escuela, creo). Por otro lado, comienzan a abundar las pintadas delante de las construcciones que dicen: "Aquí demolieron nuestra historia". (Volveré sobre este triángulo entre progreso, especulación inmobiliaria y planificación urbana.)

Los sonidos del silencio

Finalmente, para cerrar este llovioso domingo, el emblemático dueto de guitarra y violín interpreta, para todos nosotros, un proceso ignorando, con consabida y displicente técnica, tanto su causa como su finalidad. Entonces, y sin más presentaciones, luego de sus éxitos “Mutis por el foro” y “El silencio es salud”, el Agradable Par presenta a todo el país “Señor Gerente, ésta la situación”.
¿Nos enteraremos mañana cuánto cobran, cuánto quieren cobrar y cómo trabajan los empleados de peajes y autopistas? Tal vez: si un evento involucra a alguien de apellido Moyano, tiene más chance de ser publicado.

Actualización de las 13.00: parece que Moyano tiene más cabida en Clarín que en La Nación.