20 abril 2006

Duda

Por motivos, que no viene al caso aclarar, desde hace
unos días me encuentro cuidando (?) la casa de un amigo
que vive con su pareja en el coqueto barrio de
Belgrano. La cuestión es que, hace unos días, mientras
armaba la cama matrimonial, observé que estos chicos
poseen unas de esas fundas dobles para almohadas,
entonces, notando que el sentido de tal adminículo no
tiene lo que ver con la practicidad, me pregunto, ¿para
que catzo sirve eso, eh?
Lo único que se me ocurre es que tal vez colabore, de
alguna forma extraña, con la comunión parejil el
hecho de andar todas las noches babeando la misma
cosa. Es lo único que se me ocurre, pero como verán ,
últimamente se me están ocurriendo pocas cosas.

Próximamente en Cinemanía... (fue primicia de Los Perros)

Ficha
Título:
Caseros -en la cárcel-.

Dirección: Julio Raffo.

Elenco: ex presos políticos (Alberto Piccinini, Francisco “Barba” Gutiérrez, Juan Carlos Dante Gullo, Manuel Gaggero, entre otros). Locución: Eduardo Aliverti

Origen: Argentina.

Duración: 75 minutos.

Síntesis: Un grupo de ex presos políticos, encerrados entre 1979 y 1984 en Caseros, regresa al edificio en 2001, en pleno proceso de desmantelamiento. Recuerdos de la vida en una cárcel donde nunca entraba el sol.

Bajada: El lado legal de la represión en un documental en primera persona

Si bien el título es un poco laxo, el tema central son las experiencias de ex presos políticos detenidos en Caseros bajo el último gobierno de facto. Es decir, un aspecto interesante de la vida en dictadura, dado que de ella conocemos mucho mejor su sistema de exterminio clandestino que sus avatares más legales. Lo difícil era mostrar la articulación entre el sistema y los casos. El director optó por reunir en el caduco edificio a antiguos presidiarios y filmar ese regreso. Paralelamente, los recuerdos que se suscitan –organizados según criterios temáticos– son mechados con el discurso de inauguración pronunciado por el ministro del Interior de Videla (una cínica perorata sobre derechos humanos). Pero lo que podría haber sido una historia se transforma en un contrapunto en que la cárcel, como sistema y personaje, se diluye un poco entre los recuerdos de los usos y costumbres. La apuesta no era fácil y el resultado, si bien no es homogéneo, es consistente cuando los protagonistas recuperan sus historias de vida o la sonrisa del sobreviviente, o cuando una frase logra sintetizar aquel estado de cosas: “Me confinaron en la celda de castigo por treparme a las rejas para ver el amanecer”.


(La síntesis y la bajada son tentativas. ¿Ampliaremos? ¿O el tema no da para más ? Se escuchan comentarios.)

18 abril 2006

Penúltimas noticias de ayer

Mientras una parte de nuestros mundillos cotidianos pulula incesante por las diferentes salas en que se desarrolla el Bacifi 2006, a mí me toca hacer la reseña de una película Bafici 2005 (Caseros, en la cárcel, un documental de Julio Raffo). Y con gusto.

Me planteo dudas y certezas sobre Caseros, las que conformarán el marco valorativo con que veré la película. ¿Cómo es una cárcel modelo en un régimen dictatorial modelo en el aspecto de prescindir de las cárceles? De otro modo: ¿cómo es una cárcel en un régimen que contempla instancias de sanción peores que esa? ¿Quiénes eran los que a allí fueron encerrados a partir del 23 de abril de 1979, fecha de inauguración? ¿Hubo interrogatorios o el régimen la preservó como cárcel modelo? ¿Qué modelo? Lo que sé: arquitectónicamente, el de Alcatraz, cerrada a mediados del 60 por ser considerada inhumana. Políticamente, for export, para apaciguar a las buenas conciencias de los veedores internacionales de derechos humanos. Cuál es la función de los veedores internacionales y cómo, luego de décadas, un Estado se percata de que sus cárceles son inhumanas son dudas que seguramente el documental no responderá, porque, claro, tampoco es su función.

Tampoco repondrá mi primer recuerdo de esa cárcel que vi “por primera vez” en el invierno de 1990, de la que ya conocía una de sus características: las ventanas eran demasiado altas y su borde inferior quedaba siempre por encima de la línea de visión del prisionero. Por esa época andábamos tristes: la crisis desatada desde finales del gobierno de Alfonsín le había dejado a mi padre la muerte de un hermano y la licuación de un capital amasado en un cajón de pizzería, entre otros emprendimientos. En aquel momento comenzaba a regentear un local cuyo fondo de comercio había alquilado. Era el bar de la esquina de Pichincha y Brasil. Allí, desde una de las mesas de la ochava, mientras escuchaba una conversación sobre el ingeniero Santos sostenida por una menguante clientela, bajo un techo oscuro y un cielo encapotado, vi por primera vez mi primer recuerdo de esa masa sombría de concreto. La miré un rato y, después, de algún modo que ya he olvidado, salté del sentimiento de pérdida y angustia económica que yo experimentaba al de opresión y clausura que habrán experimentado los presos en esa odiosa estructura. No era entender, pero tal vez ya sospechara que la economía es la continuación de la guerra por otros medios, más precisamente, sistemas de encierro.

Durante mucho tiempo, cada vez que pasé por Caseros con alguien, siempre me encargué de hacerle notar la altura y la estrechez de aquellas ventanas, como un dato ineludible, a esta altura, ya no sé si de la cárcel o de mí.

14 abril 2006

Por la vuelta

Hace un rato terminé de leer por completo el blog de Evelyn (http://mosquitodragon.blogspot.com/), que en ocasiones me hace reír con ganas, otras me deja pensando, otras me coloca en sus climas (el relato de la melancolía-saudade lo maneja con precisión) y otras me informa en qué anda su vida, claro que con referentes encriptados.
Decidí leer su blog, primero, porque me lo dijo y luego me lo recordó; segundo, porque me dio curiosidad. Empecé por algunas entradas actuales, pero después me pareció mejor comenzar por el principio (cuando estoy de buen humor prefiero lo exhaustivo). Así que, desde junio/agosto del año pasado, llegué hasta este abril redundantemente otoñal.
Tiene una entrada en que dice que escribe, básicamente, porque se la hicieron creer. Sea Jony sea Fernando (¿?), una serie de personas la convencieron de que tenía “el don de la palabra”. Yo sumé un comentario en que más o menos le decía que no sólo ese, sino que también tenía el don de convencer a otros de que también tenían el don de la palabra. Era fácil para ella: “Sos talentoso”. Ese fue mi caso. Antes ya había escrito mis textos, pero, hay que decirlo, fue ella la que me acicateó para que, ya que había retomado, continuara. Fui feliz por un rato y fue el último de los cuatro períodos delirantes que tuve en mi vida. Terminó en un delirio de pantalla ancha.
Hoy, con la tramposa visión retrospectiva, no logro precisar qué falló. Finalmente nos distanciamos, me fui, desaparecí: “No estoy a la altura de las circunstancias” me dije, y fue mi dictamen. No sé si por no estar a la altura de su juicio estético o por la desesperación que me causaba desconocer por qué la realidad me era tan ingrata, si por la falsedad de su juicio o por mi falta de voluntad. (La realidad “me era ingrata” también por otros motivos, pero que no vienen a este caso.)
Hoy, con la diferida e incierta eficacia de los proyectos, tengo en mi mochila saber que para escribir sólo hay que estar a la altura de una sola circunstancia: la convicción de darnos algún tipo de sentido. En lo que a mí respecta, doy por reiniciado el posteo en este blog, el ladrido responsable de los perros que luchan por su libertad (o al menos por su sentido).

14 enero 2006

Que se sepa

Nos hemos tomado vacaciones. La mayoría a la sierra, alguno a la playa.
Habrá más información para este boletín... porque la cosa no puede quedar así.
Sucesos se han presentado que merecen en este espacio ser comentados.

02 diciembre 2005

Iluminismo

Viernes 2 de diciembre de 2005, 1.54

La verdad: no termino de interpretar cómo es que funciona el Hubble (ese telescopio así bautizado por el astrofísico Edwin Powell Hubble, quien postuló la expansión del universo, el alejamiento recíproco de todas las galaxias –lo que luego fue constatado y aún no refutado–), ni el resto de los telescopios, ni la luz en sí, ni su circulación por el universo, ni el universo en sí... nada, bah. El tema es que acabo de leer, en el Clarín Digital de estos momentos, que el mentado megatelescopio fotografió una nebulosa formada por la explosión de una supernova, explosión que ya había sido registrada por los chinos en el año 1054.

Está bien, dirán: “Bueno, es Clarín Digital, ¿qué querés?”. Pero no es el caso, al menos para mí: porque si hay algo en lo que creo yo es en la astronomía. Así que pienso: “Será que yo me estoy perdiendo algo”, y seguro tengo razón.

Pero bueno: el punto es que no entiendo cómo una luz que ya pasó puede ser alcanzada por un instrumento tan prosaico como un telescopio. De todos modos: ¿será que el Hubble ve un universo invertido? ¿Que la iluminación que, pongámosle, empezó por La Matanza y pasó por Palermo, termina siendo alcanzada por el Hubble para el lado de Siberia? ¿O que un rayo que pasa por la Tierra en dirección Recoleta-Belgrano es hospedado por el prodigioso Hubble por el lado de Texas? No sé, no sé.

En cualquier caso, me parece que este armatoste en órbita –asociado a unos cuantos seres humanos– lo que hace es establecer una interpretación de lo que fue y de lo que será en este nuestro presente.

Un Hubble por acá, por favor. (En el sentido de un astrofísico que nos explique cómo funciona el universo, jaula última de todos los perros.)

28 noviembre 2005

nuevas bases

Luego de un comienzo de semana laboralmente estresante, luego de un jueves de relax por el corto plazo pero con un par de reuniones de trascendencia para el mediano; luego de un viernes laboral súper relajado que terminó a las cuatro de la tarde; luego de un viernes mundano que comenzó con una cerveza en Constitución, y siguió con otras dos en Villa Elisa ya con Verónica, y con otras dos en Antares –un bar harto recomendable de La Plata–, y otras dos más en Siddharta –en boliche donde tocaron Cursi y Estelares–; luego de un sábado cuyo amanecer se dio al mediodía, luego de una tarde a la sombra de un tilo, y después parado con la vista en el cenit a la vera del río de la Plata en Punta Lara; luego de unas cervezas con Diego, y unos fasos también; y luego, además, de un negligente y exhaustivo análisis de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, concluyo en que Simmel tenía razón: la “Libertad” no es un concepto discreto, definible intensamente, sino que más bien es como un estado de ánimo, una palabra-comodín que sirve para validar un gran relato, junto con “felicidad”. Pues bien, propongo que para cuando avenga la siguiente revolución, se conserve la “felicidad” y que nuestra otra palabra-comodín sea “onda”. Es tan definible como “libertad” y, además, garantiza otras cuestiones.

“IV. La libertad política consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los necesarios para garantizar a cualquier otro hombre el libre ejercicio de los mismos derechos; y estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.”

En ese apartado, habría que reemplazar “libertad política” y “derechos naturales” –conceptos emparejados en el párrafo– por “onda”. “Onda” se define como “capacidad de la cognición humana que proyecta más de una hipótesis causal para un mismo fenómeno”. Sería una institucionalización del Plan B.

16 noviembre 2005

Y ahora...

¿A qué se va a dedicar toda la gente que estaba pidiendo la cabeza de Ibarra?

02 noviembre 2005

A confesión de parte, relevo de prueba (Apostilla a “Yo lo sospechaba”)

Título:
«“pierde” horas»

Bajada:
«algunos especialistas se indignan”

Cuerpo de nota:
«en lo que va de 2005 el conjunto de los trabajadores estadounidenses perdió el equivalente a 551.000 años leyendo blogs»
«están "ganseando" durante casi dos horas por día»

Es notorio, pero incluso en el trabajo más descaradamente ignominioso hay algo de nobleza. Si no, notar el caso del tristemente célebre Clarín Digital, y nótese el cariz que toma la pérdida, desde ese “pierde” entrecomillado del título hasta el perder existencial de ¡551.000 años! ¡Las cuitas del poder por la vida de sus empleados: se hace el bueno y de paso genera culpa vital!
Y también hay algo de la clásica maña del botón, porque aquel “perder” entrecomilladamente patronal, obvio, se aclara con la indignación de los especialistas; y con el “ están ganseando” posterior... por si quedaba alguna duda.
Ahora, a botones no me van a ganar: ¡póngase a argumentar mejor, chicos vagos de Clarín! Porque lo que dice el mentado Ferrer es algo distinto. Ferrer dijo que tal vez la “pérdida de tiempo” esté contemplada en el proceso de producción de ciertas organizaciones, que si no es en esto será en aquello; pero aceptarlo sería desacreditar a American Online y a Salary (¡¡¡Salary!!! No tienen límites: habría que quemarlos en la plaza pública), empresas asociadas, al menos desde el linkeo, cuando afirman que el bloggeo representa una pérdida de ¡759.000 de dólares! La mera existencia de este cálculo es ya una afrenta a la inteligencia.
No pierdo más mi tiempo.