08 mayo 2006
Antaño/Hogaño
Tiempo de mudanza y cualquier circunstancia se transforma en evento. Recién, sin ir más lejos, noté que el picaporte de la cocina estaba desencajado: había que reubicar los tornillos. Dicha operación requiere de cierta fuerza y precisión para que el tornillo entre, además, sin torcerse. Un trabajo en plano detalle. Así, tan de cerca (y es sabido: de cerca todos somos raros), noté que el esmalte símil amatista del picaporte, pasados ya once años desde su instalación, estaba completamente saltado. Entonces, pensé en los tiempos de esa reforma, en mi viejo, en la reelección menemista, en los 15 de Mariana, mi hermana, y en algunas otras cosas que, como el esmalte símil amatista, ya han entrado en el ámbito del pasado y la memoria.
03 mayo 2006
La gente detrás de las paredes
Mientras caminaba por los pasillos del subte, anoche, algo me hizo pensar en otros pasillos: los de los shoppings, esos que usan los empleados de gastronomía o de limpieza, esos que unen todos los puestos de comidas por la trastienda. Son pasillos que nunca recorrí, pero que no me cuesta nada imaginar como otros –que tampoco recorrí pero me fueron referidos–, los pasillos de circulación interna de algún hotel céntrico.
Tras puertas que casi conservan la isotopía estilística del no lugar de que se trate, el cartel que reza “privado” o “personal only” esconde un espacio bastante más horrible que aquel que es de circulación del “cliente”: poca luz y nunca natural, nada de aire acondicionado o calefacción, escaleras angostas con pasamanos de lata, ascensores de servicio pequeñitos o gigantes dependiendo de si llevan sólo empleados o empleados con carritos. Como suele ocurrir, porque ciertas instalaciones se estructuran como al sistema conviene, el espacio se hace cargo de las diferencias sociales a las que acaso estemos acostumbrados: el teatro de guardar tras bambalinas “las cosas feas de ver” porque, claro, así son más baratas. Nada que difiera demasiado de esconder el polvo debajo de la alfombra.
Y pensaba en esto por contraste con otros pasillos, que sí conozco: los de circulación interna de los consultorios de un hospital. Allí las cosas son al revés, social y espacialmente al revés. Mientras acaso los mismos empleados de esos shoppings u hoteles se apiñan en los pasillos a la espera de ser atendidos, los médicos (también acaso los mismos clientes de esos shoppings y hoteles) circulan por pasillos bien iluminados y acondicionados, se toman un cafecito recién hecho en una máquina que hay para eso o, directamente, se fugan de la consulta por la otra puerta para tomarse el cafecito en bar.
02 mayo 2006
No hay como...
Por suerte, siempre quedan las superficies de placer.
29 abril 2006
28 abril 2006
No sé a ustedes
Paja brava
De tan entusiasmados que se encuentran con el Mundial a desarrollar en su país, los alemanes muestran contentos las "pelotas" que van a utilizar en los partidos a todo el mundo. Pero en pleno barrio de Palermo a un atrevido ciudadano germano, se le fue un poco la "mano" ya que realizaba exhibiciones obscenas en el balcón de su departamento, lo que escandalizaba a vecinos. Hasta se masturbó en público sin darle "bola" a los policías que trataron de disuadirlo.
El insólito episodio se produjo poco antes de las 11 cuando el individuo salió desnudo a un balcón del séptimo piso de un edificio ubicado en Gurruchaga entre Guatemala y Paraguay, y además de exhibirse, comenzó a tocarse.
Vecinos llamaron a la policía y llegaron dos patrullas de la Comisaría 23º, que llamaron por el timbre del departamento del hombre para comunicarle que estaba haciendo algo ilegal, pero este no los atendió.
Los efectivos tomaron declaraciones de vecinos del edificio, que dijeron que ya estaban disgustados desde hacía tiempo por la presencia del alemán, que con frecuencia se exhibía desnudo en el inmueble.
Extraído de Diario Popular del 27 de abril.
Por supuesto, las comillas y negritas son de ellos.
¡¡Muchas gracias, Aguostro!!
27 abril 2006
26 abril 2006
Frases hechas
“Quisiera ser una efigie de dientes apretados”, acabo de decirme mientras pensaba cómo me gustaría argumentar en discusión encarnizada. Fue un destello del que fui apenas consciente, programador. Menos aun lo fui cuando, mientras corregía en casa de Malala y oía Old Boy –una película que ella estaba mirando–, creí escuchar, como palabras españolas intercaladas en medio de una conversación en coreano: “Es vergüenza del guerrero desoír su voluntad”*, una frase surgida casi totalmente del mero afán de lenguaje que ostentamos –literalmente– los humanos. La consideré bella, gallarda: dos perfectos octosílabos castellanos.
Y bueno... quería compartirla (u ostentarla, no sé).
* Si alguien lo sabe, que me diga, por favor, si es una frase conocida, una frase más ajena aun que la mía, escuchada por mí en algún momento y resucitada en un determinado choque de circunstancias.
Sensatez y resentimiento
En un momento se me ocurrió poner que era una película demasiado peronista, pero pensándolo mejor desistí, porque el gorilismo no representa para mí una opción feliz, y menos en determinados contextos de producción gorilista. La línea argumental hubiera sido: este documental adolece de costumbrismo peronista. (Otro de los motivos por los que no fue abordado dicho argumento fue que no encontraba discurso con que sostenerlo.)
Sin embargo, persisten impresiones.
Por ejemplo, la visión retrospectiva genera en Caseros cierto tono de “canto a la vida”, que no por entenderlo –la verdad, el único buen destino que puede tener esa cárcel es su demolición– deja de molestarme. En última instancia, las cárceles siguen estando, aunque no sea esa. Lo mismo que las condiciones de represión: el urbanismo, la desocupación y el empobrecimiento se han integrado con más intensidad que nunca a la tarea de salvaguardar los mismos intereses de siempre y, así, han alivianado un poco la faena de las policías varias, que no por ello dejan de operar y responder a, digamos, sus mandos naturales. (Debo decir lo que me agobia: la coherencia del enemigo abona mi resentimiento.) Y, una vez generado dicho tono –si no festivo, al menos reconciliatorio con la realidad–, me resulta difícil no adjudicárselo al carácter de varios de sus protagonistas, a su condición de dirigentes sobrevivientes, reenganchados en los aparatos del Estado. En tal sentido, el mejor momento de la película es el siguiente: hacia el final, cada uno de los ex detenidos da cuenta de cuáles son sus actuales ocupaciones; entonces una larga serie de respuestas iniciada por Piccinini –quien había llegado hablar de “directivos” sindicales, como si un sindicato fuera una corporación– escalonó sindicalistas, diputados, legisladores municipales... Finalmente Hugo Colaone, un barbudo de anteojos, dice: “Bueno, ahora yo soy estudiante –estoy estudiando periodismo–, manejo un taxi, estoy en una sociedad de fomento y coordino un taller por la memoria. Es decir: ninguna actividad que atente contra los intereses populares”. (Ahí sí que me reí con ganas, como si presenciara, en una discusión ajena, la sensata ironía de aquél con quien yo simpatizaba interiormente.)
25 abril 2006
Esta semana ando medio así...
So many years ago, I thought you were the one -
who knows when people change, surrender into strangeness,
adrift upon their lives, encompassed by the past?
Who knows which one becomes the last goodbye?
Don't try to tell me nothing dies.
Don't try to tell me nothing's changed,
don't try to tell me nothing's new,
too many of my yesterdays belong to you.
I shelved my broken heart, I put you from my mind,
I got up from my knees, I picked up all my pieces,
but seeing you again puts shakes into my soul.
Just when I think I'm finally over you,
don't come and show me that's not true.
Tell me about it, talk to me - I hear it coming, I feel it coming,
the way you want this thing to be.
You're only trading on our memories
don't go and say you still love me.
You're trading on my memories, you're trading in a rosy past;
you know I'm lost on stormy seas...but I still stand before the mast,
beneath the stars and under sail towards horizons out of true....
Behind the dance of seven veils I still see you....
Tell me about it, have your way;
I see it coming, I hear it coming,
I know what you're about to say.
You've had too many of my yesterdays,
and I don't want to fall again.
Don't try to tell me nothing's changed,
don't try to tell me nothing's new,
too many of my yesterdays are lost in you.
Peter Hammill