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05 mayo 2009

Clarín perdió el juicio


El Grupo Clarín es insaciable.
¡Ay, qué de obviedades surgen de mi boca a veces! Todas las grandes empresas lo son en realidad: lo que buscan es maximar sus ganancias, desde ya, lo que todo empresario debe lograr. Y así es como se expanden y, llegado el caso, cuando no hay leyes antimonopólicas -o cuando la Justicia se desentiende de ellas para atender los ceros de los cheques que le llegan-, las empresas exitosas se constituyen en monopolios o, lo que en la práctica es lo mismo, en oligopolios que usufructúan su posición dominante. Así es que Clarín hace uso de su posición dominante: desde decidir a quién y a qué precio venderle papel prensa hasta entorpecerles la libre circulación por la blogósfera a sus clientes de Fibertel.
Pero eso no es todo. Lo que mejor viene haciendo el Grupo desde 2000 es ponerles palos en las ruedas (y en las cabezas) a todos trabajadores que decidan conformar la comisión interna que represente al conjunto proletario. En aquella época, despidió unos 200 trabajadores, sabiendo que la Justicia era netamente menemista (esto es, antiobrera, y que llegado el caso la Corte Suprema mediante un per saltum le fallaría a favor) y que los millones para las indemnizaciones no le iban a faltar (los despidos fueron por la época en que Goldman Sachs compró el 18% de la empresa). Aquellos millones, por otra parte, fue deuda tomada en dólares, pesificada apenas dos años después gracias a aquel senador que, en ejercicio de la presidencia, aseveró: "Quien puso dólares recibirá dólares". Y vaya si lo sabe Clarín.
Sin embargo, aquel no fue un hecho aislado. Por el contrario, se constituyó en el leading case de las políticas antisindicales, al menos en el rubro prensa.
A mediados de 2004, los trabajadores pararon exigiendo el pago atrasado de horas extras y mejoras en las condiciones de trabajo. Clarín pedía que trabajen sábados y también los domingos (a precio de miércoles), pero como la legislación laboral ya no era la que imperaba en el siglo XIX, los compañeros fueron adelante con el plan de lucha. En respuesta a este uso del derecho de huelga, la empresa respondió con 119 telegramas de despido. Sin embargo, no conforme con esto, el holding decidió pasar a la ofensiva y enjuició penalmente a cuatro de sus trabajadores, tres de ellos delegados gremiales.
Pues bien, casi cinco años después, Clarín perdió el juicio. Enhorabuena.


Tarea para el hogar: Busque esta información en los grandes diarios y dígame qué les parece el uso de la libertad de prensa que Clarín dice se verá afectada por la nueva ley de servicios audiovisuales (que ellos llama "de Radiodifusión, constatando lo que muchos sabemos: el principal problema de Clarín es periodístico).
Yo encontré esto, esto y alguna cosa más, pero en los blogs y afines. No podía ser de otro modo. La libertad de expresión existe, sólo que Clarín prefiere evitarla.


Ah, también encontré este comentario de Luis Siri (uno de los delegados despedidos y procesados penalmente por la empresa) en una nota de Crítica en su versión digital.
Luis Siri 34 años
En una columna del diario Clarín de ayer leía cómo un periodista destacaba la importancia de la libertad de prensa, lo importante que era que la gente este “informada”. Me parece una vergüenza que tanto Clarín como La Nación ponderen derechos constitucionales y a la vez se olviden de tantos otros derechos, como los laborales y la libertad sindical, que hagan denuncias penales por violaciones al Art. 161 del Código Penal, artículo que ellos mismos violan sistemáticamente al no darle papel a los diarios más chicos o con otro criterio informativo como, Crítica o Crónica por ejemplo (Clarín y La Nación son dueños de Papel Prensa). Yo soy delegado de A.G.R. S.A., empresa del Grupo Clarín y hace más de 4 años que no puedo entrar a la empresa y en marzo del año que viene voy a ser llevado a juicio oral por el solo hecho de realizar una huelga contra este grupo. Hablan de la constitución solamente cuando les tocan el culo a ellos, es hora de pararles el carro, que empiecen a respetarla ellos.

04 marzo 2009

La verdad, las pelotas

Tras un año de hincharnos conjunta y boludamente las pelotas a millones de argentinos, hoy finalmente me sorprendo coincidiendo con el más panqueque de los cuatro de la Mesa de Ensarte.

Al parecer, Buzzi y De Angeli se alejan.
¿Quién sale ganando?
Amigos, los huevos.

16 octubre 2008

Ay, ay, ay

Acabo de ver esto:

En Diagonal Norte y Maipú, tres personas ataviadas de (H)amarillo sostienen unos carteles que orientan hacia los automovilistas que vienen por Maipú.
Los carteles rezan: "A 100 metros reducción de calzada".

¿Te parece?

07 agosto 2008

Hechos consumados (resignación y medios masivos)

Por lo que he visto en mis primeros 34 años, toda política de hechos consumados depende de una forma ya consumada de comunicación. Por ejemplo, así titulaba Clarín/Clarín Digital el primer lunes de diciembre de 2001, día 1 del corralito: “La historia secreta de cómo Cavallo y Liendo armaron el plan”. “Claves para entender mejor el nuevo plan.”
Pero los hechos consumados –las versiones definitivas– sólo encuentran su espacio en el pasado. Ya de las sociedades, de los cuerpos o de los textos. De los titulares de los diarios (y más aun los de sus versiones digitales), por el contrario, es el reino del presente, del día en curso, de la hora.
De modo que los titulares que refieren hechos consumados –consecuencias alienadas de sus causas– son la cabal anulación de su putativa y fugaz actualidad. Constituyen, en definitiva, la (lingüística) pragmática de los medios hegemónicos, cuya función no es referir la causalidad histórica ni la intrínseca excepcionalidad del presente sino cuadrar, conformar, hacer más lucrativa la masificación, reafirmando lo indefectiblemente catastrófico de su deshistorizada visión histórica.
¡Noticias de ayer, extra, extra!
¡O de mañana! Por ejemplo, hoy:
* “Bolivia: postales de la división de un pueblo”
* “El gobierno boliviano denunció un atentado contra un ministro” (y recién en la bajada: “El vehículo oficial en el que viajaba Juan Ramón Quintana fue baleado en la ciudad de Trinidad”)
No “Postales del conflicto boliviano” o “El pueblo boliviano lucha por su democracia (o por su dignidad o por su autodeterminación)” o hasta incluso “Tensión y denuncias en Bolivia”. No. Mejor es ir preparando la aceptación de un resultado. Después se verá cómo se llega a él.
Qué habrá pasado para que no titularan: “La crisis causó 2 nuevas muertes en Bolivia” o que fueron los militantes de Evo quienes asesinaron (tal como acusaron a los chavistas en el frustrado golpe de 2002).
La información debe dar cuenta del conflicto y no pretenderlo ya resuelto, con implícitos vencedores y vencidos. Los presidentes deben, en cambio, optar por un discurso de hechos consumados, cualesquiera sean sus bases argumentales, de modo que su accionar político adquiera rasgos de autosuficiencia y justicia para el conjunto de la población.
Ejemplos: el portento lingüístico de Menem para denominar lo que otros conocían como “corrupción”: “Es la casualidad permanente”. O el de Videla el 13 de mayo de 1977, sobre los que no tenían entidad: “En nuestro país han desaparecido personas. Esa es una tristísima realidad, pero que objetivamente debemos reconocer. Tal vez lo difícil sea explicar el porqué y por vía de quién esa personas han desaparecido”.
Al otro día, el gran diario tituló: “Videla habló en Caracas de la situación nacional”.
Hechos consumados.

29 noviembre 2007

Y si mañana es como ayer otra vez...

Volver nunca es fácil, ni a casa, ni de vacaciones, ni a escribir un post, ni a la dura realidad de saber que toda libertad se cuaja en una sopa de coerción. (Los días pasan, uno a uno pero como en manada, como combos semanales.)
Hace algo así como un mes, integraba informales asambleas gremiales donde discutíamos la forma de reapropiarnos, cuanto menos dinerariamente, de parte del producto de nuestro trabajo asalariado. Días después despedían a una compañera. Y después... las razones esgrimidas por la empresa fueron de manual, tanto como sorprendente el hecho de que algunos compañeros las hicieran propias. Y después: según la patronal, 2008 nos es presentado como el año en que ganaremos entre un 20 y un 30 por ciento más. Y a mí me asombra tanto que no termino de aceptarlo; y entonces me pregunto si en ese aumento incluyen el pasaje de tickets a dinero, o si sólo es una promesa lanzada a volar para ser bajada, luego, por la gomera de un “lo que pasa es que el gobierno tal y tal cosa...”.
Hace un mes, en interiores, me preparaba para dos eventos que tendrían lugar en la semana siguiente: vacaciones litoraleñas y refacción hogareña. Las vacaciones estuvieron bárbaras, con un penúltimo día de 40 kilómetros en bicicleta por el Palmar de Colón que fue un delirio total, pero bien. La pena llegó el último día, a horas de regresar, cuando perdí la cámara de fotos de Malala... y su pen drive, y todas nuestras fotos.
Respecto de mi casa, volví con el trabajo a medio terminar; y cuando finalmente estuvo más o menos terminado (el domingo pasado), se desprendió la manguera que conecta gas con el artefacto-cocina y se prendió fuego el bajomesada.
Por otro lado, el odiado Banco Galicia, luego de pagarle 1062 pesos quince días después de haber tomado un “préstamo” de 990, me cobró una multa de 150 por haber sobrepasado en 90 pesos la cota por ellos estipulada. Recapitulemos: me dieron 990 cuya devolución completé quince días después; por tal servicio, me cobran 210 pesos; es decir, me prestaron a una tasa de un 40 por ciento mensual. (Aclaración: no estoy de ánimo para que me digan que “tasa” y “multa” son dos cosas muy diferentes; y, entre otras cosas, no estoy de ánimo porque 60 pesos difieren de 210 sólo en la magnitud, mientras que las condiciones de posibilidad de tales beneficios son en ambos casos las mismas.)
Por suerte Malala se compró un nuevo reproductor de DVD (el quinto en cinco años). Porque, la verdad, en este momento vería de nuevo el final de Zabriskie Point, esa explosión en que todo sale despedido de un centro fijo hacia una circunferencia siempre en ciernes. De hecho, esta espera del próximo gobierno, tiene para mí un movimiento similar: nos despegamos, saltamos, quedamos suspendidos, miramos hacia abajo, hacia arriba, y también hacia los lados, sólo para –cuando estamos por hacer tierra de nuevo– empezar a avizorar con quién haremos alianza.

Por suerte está YouTube: http://www.youtube.com/watch?v=9rxpfO90mg8. Alrededor de los dos minutos y medio, queda claro que... ¡¡vienen por el agua!! (Je je... En serio: es para verlo todo, pero después de los 5’ 10’’ es sublime.)

28 octubre 2007

Mano de obra ocupada (con un celular)

Cerca de mi casa, pleno Palermo castrense, pasamos Malala y yo frente a un chico de entre 19 y 22 años, morocho, flaco, cinturón, camisa blanca dentro del pantalón caqui, quien, celular en mano, dice: "Pero nosotros no queremos matarlo, pelotudo, queremos asustarlo". Nos miramos Malala y yo, y redujimos un poco la velocidad de marcha. "Bueno, bueno, todo bien, pero fijate por dónde anda."
Un rato después, pasé de nuevo por el kiosco frente al que estaba hablando el muchacho y lo vi recibir a un grupo de cuatro chicos de sus edad, algunos vestidos con ropas camufladas, prestos a tomarse una cerveza después de todo un sábado (para colmo, preelectoral) de trabajo a destajo.

PD: En estos días estaré atento a las noticias de policiales, que suelen aparecer como hechos aislados, condición que dura en nuestras mentes sólo hasta que raspamos un poco su pintura.

24 octubre 2007

Me recontracago en el Banco Galicia: el efecto Pelagatos


Umberto Eco codificó una forma de la distribución de la información y la llamó “efecto Pelagatos”. Pelagatos es uno de los tantos marineros de un barco cuyo capitán los cita para decirles que a uno de ellos (a Pelagatos, desde ya) se le ha muerto su padre. El modo de informar es el siguiente: ante la formación en fila sobre la cubierta, se les pide que den un paso al frente todos aquellos marineros que tengan a su padre vivo; cuando Pelagatos da su paso al frente, el capitán le descerraja un “«Vivo», Pelagatos, dije «vivo» ¿o no entendió?”. Eco dice que así operan los medios masivos.
Pero es sabido que los medios manipulan la realidad sólo en la medida en que la economía ya lo ha hecho previamente. De modo tal que el efecto Pelagatos no se restringe sólo a la información y la opinión publicadas, sino que se da, entre otros casos, en eso que se conoce como “letra chica” (“está acá, bien clarito, ¿o no lo leyó?”). Pero el efecto Pelagatos en los intercambios y contratos comerciales no se detiene, y también te lo pueden enrostrar de palabra.
Durante los últimos tres años, saqué plata del cajero apretando la opción “cuenta corriente en pesos”. Claro que hasta este mes, nunca había tenido cuenta corriente alguna, pero el sistema validaba mi error dándome el dinero de mi caja de ahorro. Sin embargo (más bien debería decir “con embargo”), hace poco me habilitaron una cuenta corriente (cuya apertura me informaron de palabra), de donde terminé extrayendo a principios del mes esos primeros 990 pesos que pagan las cuentas que sostienen mi infraestructura vital. El domingo pasado, sorprendido por tener en la caja de ahorro más plata de la que suponía, pido los últimos movimientos y me entero de que tengo una deuda, hasta el 19/10/2007 de mil pesos. Cuando el lunes llamo al banco para enterarme qué está pasando, se me informa que estoy operando en rojo por sobre el monto establecido y que, por lo tanto, debo 1040 pesos. Es decir, en quince días, el Banco Galicia se hizo con cincuenta pesos, un tercio de lo que me quedaba para llegar a fin de mes. Indignado, pregunto cómo puede ser que no me avisen. La conchuda del banco me respondió: “¿Y qué querés? ¿Que te llame todos los días para avisarte que tenés una cuenta corriente”. Efecto Pelagatos. “Mató tu onda”, le dije y corté.

PD: Y no, no esperaba que me llamen todos los días, con un aviso en el cajero automático hubiera bastado, algo como “Ojo, macho, que es la primera vez que hacés esto, ¿tas seguro?”. Con eso solo hubiera alcanzado, tampoco soy tan pelotudo (Pelagatos, sí, obvio).

PD 2: Con este post siento que el lema del blog es harto adecuado.