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08 agosto 2008

Horarios esclavos (de viernes)

Hoy te quiero decir
que hoy no me
decidí tampoco...


Hoy que tengo un rato, entre laburo y la mudanza, puedo decirte que...

...En mis momentos más hoscos, el hecho de que Calamaro sostenga seguir la difícil dirección que sigue el salmón, sobre una melodía de un facilismo con ecos orteguianos (de Palito, que no del Burrito... aunque no sé), revive un poco en mí el momento en que Fito cantaba su lamento sobre preferir estar borracho en el subte. “¿Ah, sí? ¡¿Y por qué no te das el gusto?!”, le respondía para mis adentros ponele que en el 96, mientras esperaba en un kiosco el vuelto de un Beldent (todavía no fumaba).
Pero no. Para qué ser tajantes cuando supongo que nadie ha prescindido de inaugur una época de su vida con una larguísima patinada que, recién detenida contra una pared, nos deja justo en el trasfondo que lleva a los baños, o bien, a la salida de emergencia.
No y no. Porque además Calamaro (y no digo “Andrés” sólo porque me avergüenza, a esta altura de la cultura, llamar por el nombre a mis perfectos desconocidos) convenció a su discográfica –¡cualquier discográfica!– de editar un disco quíntuple al precio de uno doble.
Ese solo portento de artesano, y el hecho de que sea el único cantautor masivo –incluso entre los reivindicados como nacionales y populares– que menciona lo material de nuestra “vida paria en la burbuja inmobiliaria”, sólo esos dos actos, nada más, lo rescatan ante mis ojos de todo ese trasfondo de transas que rige la vida en la vida mainstream.

Ahora, sin embargo, en medio de este rescate calamariano, recuerdo que lo último que supe de él fue su agradecimiento en los premios Gardel, en el que mencionó los “piquetes paquetes”.
Pero ya basta. Ni quiero estar solo nunca más, ni tampoco que mi mente funcione como una mera reacción a la permanente revolución turra actual. Y sin embargo tampoco quiero mitigar la modulación entre (dos) bandos. Porque es una lógica a la que yo –aunque desdeñada por alguno de los bien retornados Trabajos Prácticos–, por el momento, no puedo ni quiero no suscribir, aunque más no sea por lo que dice Chabrol: “Hay dos clases de personas: los burgueses y los que quieren llegar a serlo”.

Hoy me quedo a escuchar

algunas canciones preferidas

O no, mejor no.
Mejor me voy volando a lo de Rolo, que por suerte no es un típico vigilante medio argentino.
Así que voy con gusto allí, donde me comprendan y me dejen vivir a mi modo.

25 septiembre 2007

Estudiante primavera, por Tweety

Una vez leí en este blog una frase que rezaba: “...Qué mérito hice yo para que me feliciten por el día de la primavera...”. Creo que Ariel decía, pero no me acuerdo.
De todos los pseudoacontecimientos, el día de la primavera es mi favorito, porque es el más feliz de todos, creo. Cada año, millones de adolescentes embarazan a sus novias por esta fecha... Sí, sí, hagamos cuentas: si naciste a fines de junio o en julio, sos producto del frenesí descontrolado de las hormonas setentetosas u ochentosas de tus padres, que en algún momento, y aunque intenten hacer todo lo posible por aplacar tu adolescencia tardía, también “la hicieron!”.
Estaría bien ponerse de buen humor y hasta festejar el día de la primavera siempre y cuando uno sea adolescente. Pero a ver, nosotros –adulto joven entre 23 y 33, masomenos– no podemos festejar el día de la primavera, o por lo menos no está bien visto. Sin embargo sí podemos festejar el día del estudiante, claro que si tenés más de 30 y estás festejando el día del estudiante, mejor que sea el día del “estudiante de Zubeldía” (glorioso equipo pincharrata campeón del mundo), aunque en mi opinión personal el estudio dignifica. Pero el día que mi amigo Washington le dijo eso a su padre, fue la última vez que lo vio... pasó lo esperado: mi amigo de 28 años fue puesto “de patitas en la calle” y nunca pudo terminar su curso de souvenirs para baby showers.
Pero todo este razonamiento viene a una sola cosa: ¿Cómo llegamos a que el día de la primavera y el día del estudiante sean el mismo? ¿Dónde se tocan estos acontecimientos? Le pregunté a grandes sabios de la cultura como era este fenómeno y lo comparto con ustedes.
En el año 1678 un párroco escolástico experimentó un fulminante enamoramiento hacia un monaguillo, claro que era el siglo XV (para lo que no saben de los números romanos, es el siglo equisvé), así que podrán imaginarse cómo terminó la anécdota... El párroco se acercó al monaguillo mientras este retozaba debajo de un níspero y le dijo: “Joven aprendiz, ya conocéis las enseñanzas de Dios, ya conocéis los mandamientos de Dios, ya conocéis los textos de Dios... ahora te voy a mostrar la cara de Dios!”. El joven monaguillo observó cómo el párroco dejaba caer sus vestiduras, lo miró a los ojos, se irguió con fruición y lo cagó a trompadas. Claro que el monaguillo se convirtió en el ídolo del monasterio, por lo que se declaró el día 21 de marzo como el Día del Estudiante, en recuero de la paliza que le propinó el aprendiz a su propio maestro. Nota al pie: en el hemisferio norte el 21 de marzo es el día en que comienza la primavera.
Con respecto al festejo del día del comienzo de la primavera es tan obvio que no vale la pena explicarlo, ¿no? ¿Pero por qué se festeja? El equipo de investigaciones científicas de Wisconsin, con sede en la sociedad de fomento de Burzaco, declara en su manifiesto “Razones de festejo del Día de la Primavera” lo siguiente:

"Serán invitados todos los hombres a regalar flores a las mujeres de su círculo social, para evitarles oler (aunque sea un día al año) los ofensas que despiden de sus malolientes cuerpos. Pero son los hombres los que deben convencer a las mujeres de que ellas son factótum del festejo e incluso del mismo comienzo de la primavera, y que esto no tiene nada que ver con la física y mucho menos con la astronomía. Es más: este equipo de investigaciones desconoce la existencia de un subversivo conocido como Copérnico."

Estas son solo algunas citas de aquel magnífico libro que daría vida al personaje de Ennio Pistacho magníficamente llevado al cine por el gran Rocco Siffredi en Como es el día de la primavera, llevaste este ramo y sus muy exitosas once secuelas.
Como siempre, al final de tanto, no tenemos absolutamente nada, no llegamos a ninguna conclusión. Pero como decía el célebre filósofo Tsun-Tzu: “En la vida como en el TEG, hay que poner una fichita en todos lados”.
Amigos y amigas feliz primavera, aunque no hayan hecho ningún mérito para ser felicitados.

Tweety, 2007, todos los derechos reservados.

25 agosto 2007

Si necesitás algo, chiflá

“Pedime cualquier cosa, lo que necesites... que yo estoy.” A veces nos gusta decir frases como esta... de lo que esperamos una reacción inmediata del individuo receptor. Es una apuesta narcisista que nos autocomplace (esto es redundante, lo sé). Pero ¿hasta qué punto estamos interesados en estar? Vamos a los ejemplos prácticos. Alguien te dice: “Me estoy mudando”, y vos respondés: “Avisame si necesitás una mano”. Es obvio que necesita una mano, pero inmediatamente se lee entrelíneas que es una señal de cortesía y no un compromiso real. Si el agente mudante (o sea, el que se está mudando) responde a nuestra frase con un “por qué no te venís y tomamos unos mates”, es posible que esté tratando de engañarte para que cargues la colección de mayólicas o los seis potus limón que representan cada uno a un ex novio... Pero lo único que sabemos es que no conoce nada, absolutamente nada de los códigos de la comunicación.
Por mi parte, jamás tomé en serio un “estoy para lo que necesites”.

Distinto es el caso de quien tiene un favor que cobrar. Ahí como única excepción a la regla es donde uno puede agarrarse de una frase cortés y reclamar el favor real... pero el diálogo sería distinto y cito: “¿Sabés que me estoy mudando, no?”, “Sí, sí, lo sé” (nótese que no hay ofrecimiento), “Entonces, por qué no me ayudás a mover los muebles… que yo te conseguí el laburo, papá” (aquí la pregunta es claramente retórica).

En este caso está bien reclamar el favor, porque existe una contrapartida real; es lícito.

Como verán existe un gris, una zona donde las cosas no son del todo transparentes ni opacas... El favor es una figura que no queda del todo clara y por lo tanto no tiene reglas tan definidas. Es muy probable que un favor pueda convertirse fácilmente en chantaje. Y es ahí donde estaríamos en una situación más del lado de lo negro y menos del lado de lo gris. Sería un “vení, mudame, rasqueteame el piso, que si no le cuento a tu jermu adónde vas los jueves cuando le decís que vas a jugar al paddle”. Nos fuimos del otro lado, es evidente que el buen uso de un favor como figura jurídica queda supeditado a los valores éticos de los actores. Es falto de ética convocar a la consecución de un favor ofrecido bajo una frase de cortesía, siempre que no exista historia previa de un favor adeudado, sólo en ese caso se puede reclamar. Y por supuesto, no está bien visto el chantaje...

Como último punto, y para no dejar cabos sueltos, quiero referirme a los valores éticos antes nombrados. Cuando hablamos de esto, nos estamos refiriendo a un tema que podría ser determinante a la hora de establecer qué es y qué no es un favor. Pero como siempre, les dejo ese ejercicio... Definamos qué es un favor y a partir de allí podremos definir cómo serán la ética y la moral del favor...

Ya, a esta altura, estimado lector, podrá comenzar a ver que me es extremadamente difícil creer en las acciones altruistas. Como decía Rumpelstilskin, “yo no doy puntada sin hilo”, e hizo de la paja... oro. Y, según la moral cristiana y occidental, la paja es un pecado. Y ¿quién va a negar que convertir la paja en oro no es una acción altruista? Si yo hubiese podido convertir la paja en oro, tendría unos cuantos kilos.

(
Tweety no postea, pero manda estos mails generales.)

03 agosto 2007

Motoquero fumón

Indecisa, asoma por la puerta entornada una cabeza con el casco a medio sacar. Me acerco, abro del todo e invito al pibe a pasar.
-¿A quién buscás?
Él mira el sobre y responde, lento:
-Al señor... Carlos... Pellegrini.