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23 septiembre 2010

En este blog no pasa nada

Creo que algo está cambiando, hace un rato leí una nota en un blog por ahí que se titulaba "¿Me estoy convirtiendo en un gorila oficialista?". 

La nota no decía mucho más de lo que prometía el título, que era un gorila y que había sido influenciado por otro goriamigo de que "este sería el menos peor de los gobiernos desde la vuelta de la democracia" (sic.).

No puede retener ni un segundo las ganas de reforzar su teoría y me subí a comentarle. Desde un tono de respeto absoluto por su postura, comenté las razones por las cuales YO CREO que este es un gobierno que está comprometido con un plan de país. Hace algunos días que vengo viendo que algunas opiniones  blogueriles comenzaron a transitar el camino de los "tal vez"... tengo que decir que me puso bastante contento y sobretodo me entusiasmó para ayudar a toda esta gente que cree que este podría ser un buen gobierno.

Por otra parte, siempre está el fantasma de la guerrilla blogueríl del Subcomandante Anibal (nosotros, un montón de terrorístas cibernéticos destinados a la destrucción del librepensamiento del ciudadano bien).

¿llegará el momento en que Clarín o quién sea titule: "Los Blogueros K habrían convencido a gorilas indecisos de que este es un buen gobierno"?

29 noviembre 2009

Apuntes del encierro II (La esperanza es una invención moral)

La transformación más evidente que se dio con la implementación de los programas de enseñanza en contextos de encierro fue una significativa disminución de la violencia entre internos.
Tal vez para aquellos que fuimos formateados por el progresismo ilustrado, ese resultado nos parezca entre obvio, nimio y pedorro; de modo que, tal vez, muchos lo consideren un beneficio colateral de la educación, ya que el principal objetivo de dicho proceso no sería tanto la conformación de una comunidad como la difusión del Saber, la configuración de futuros trabajadores.
Entonces, constatar que la eficacia educativa contempla el amansamiento del hombre, es decir, recordar que la acción pedagógica civiliza, tal vez les (nos) parezca a muchos casi una trivialidad. Sin embargo, es menester recuperar, machacar, repetir una certeza irrefutable, una verdad de Perogrullo que para colmo ha sido acallada hasta el olvido: sin comunidad no hay saber.
El análisis complementario (la demostración del silogismo) consiste en ponderar relevancias: ¿qué es más trascendente: que los individuos accedan a conocimientos disciplinarios –matemáticos, lingüísticos, históricos, biológicos– o que se integren a la comunidad en que dichos conocimientos circulan? ¿Que se agencien saberes particulares o que compartan valores comunes? Nuevamente, llegamos al mismo resultado: ambos objetivos debe perseguir la acción pedagógica, pero si esta fracasa en la socialización de los valores deprecia todo éxito en la apropiación de contenidos curriculares, apropiación que se torna azarosa y contingente, es decir, inútil.
Hasta aquí, el juicio ideológico, conceptual, del proceso universal de escolarización. Más trascendente me resulta el análisis político, material de las experiencias particulares, en este caso, en contextos de encierro.
***
Toda política debe juzgarse por sus resultados. Y más allá de las descripciones voluntariosas del encierro en tanto dispositivo para la reinserción armónica de los díscolos –los delincuentes– en la sociedad, es sabido que dicha reinserción no es más que la quimera idealista con que se legitima la privación de la libertad, cuya finalidad operativa se entiende mejor como castigo de los individuos y reaseguro de la legislación social.
Freud supo proferir un gran aforismo, cuya grandeza radica en la crítica y la delimitación de las esferas de la praxis. Afirmó Segismundo: “Hay tres actividades imposibles: gobernar, educar y psicoanalizar”. “Imposibles” porque carecen de protocolo, porque su método es siempre provisorio, convencional, porque su experiencia necesariamente debe ser contrastada con la realidad material de sus consecuencias.
En tren de jergas, podríamos afirmar que el imperativo categórico –el denominador común éticamente deseable– de toda acción gubernamental, educativa o psicoanalítica es el empoderamiento de las personas, la meta a la que arriban los sujetos que reconocen en sí un poder antes inaccesible o ignorado.
En tal sentido, es innegable que el programa de educación en contextos de encierro tiene mucho camino por recorrer, mucho por mejorar; pero esto es tan cierto como que, a poco de empezar a recorrerlo, reporta beneficios evidentes, por ejemplo, institucionalizar espacios signados no tanto por la coacción y el castigo, como por la persuasión y la solidaridad.
Por otra parte, y cerrando juicio dialéctico entre lo conceptual y lo material, dicho programa no es más que la indentificación de una necesidad y la observancia de un derecho universal: todo niño tiene derecho a la educación.
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Coda. Coincido plenamente con Estelares cuando cantan: “La esperanza es una invención moral, es la única defensa ante la verdad, que es siniestra y fatal (...) Lo único real es tu libertad, pero es tan fugaz”. Ante cualquier duda, confrontar lo citado con este texto, escrito por César G., quien conoció el encierro de varios institutos y que, en el camino, experimentó el poder de la palabra y otras tantas cosas que registró en compañía de otros chicos en su misma condición.

21 julio 2008

Lunes por la madrugada

1
Acabamos con Malala de volver de una noche con amigos, movimiento final de un día feliz. A eso de las 0.10 ella nos dijo a los otros seis reunidos: “Les agradezco profundamente a todos que ninguno haya mencionado el Día del Amigo”
El don es darse. O, como afirma cierto ominoso alemán, el virtuoso no espera recompensa (aunque llegue a disfrutarla).

2
Mi tarde fue casi toda ofrendada al ocio más improductivo, “estéril” diría el sórdido, aunque nuestro oído nunca podría dejar de escuchar sólo un “dolce far niente”. Mi domingo amaneció exactamente a las tres y veintiocho (justo cuando me desperté), y todo su tierno inicio estuvo dedicado a los placeres de la carne, por decirlo de un modo más o menos parroquial, o dominguero.
Habrá sido a eso de las cuatro y media que decidí ir a nuestra panadería amiga para agenciarnos unas vituallas (sánguches de miga y facturas de ricota y manzana). Cuando volví, al sorprender a Malala frente al monitor de la computadora, decidí clavarme por Films&Arts la novena de Beethoven. Con Barenboim a la batuta de no sé cuál sinfónica. La rompieron. “¡Beethoven-Schiller! Otra que Lennon-McCarntey...”, exclamé de lo más tribunero cuando ya “diosa alegría, tu magia vuelve a unir lo que el mundo había separado” cantaba el coro subtitulado sobre un ataque de arcos, vientos y timbales, hasta generarme unas locas y redimidas ganas de ir a abrazar a todos (a todos los no odiados, no confundamos) e incluso delirantes anhelos de tener un fagot entre mis manos.
En un momento Malala me dice, más descolgada que nunca: “Feliz día del amigo”. “Yo no soy tu amigo, Malala.” “Sí, vos sos mi amigo, Ariel.” Y yo la adoré.

3
A eso de las diez emprendimos la caminata por las cuadras que nos separaban de la casa de Luz. Aproveché a liquidar los restos de queso y guacamole (con cilantro) mientras Rodrigo me comentaba que le había gustado este post de Mundo Perverso, pertinente epílogo de estos agitados cuatro últimos meses.
Cuando empezábamos a atacar las papas y batatas al horno que Luz estaba acercando, comprobamos que faltaba algo de alcohol. Googleé un poco, pero sin éxito. Federico retomó la búsqueda de un delivery de guardia y lo logró.
Finalmente, toda prohibición habilita un cohecho y el lucro prospera sobre los límites de la restricción.
Las tres cervezas y el vino llegaron veinte minutos después, a un costo de 39 pesos (más tres de propina).

4
Más tarde hablamos sobre un amigo de otra época, un economista que recientemente no quiso ir al cumpleaños de uno porque no quería cruzarse con nosotros. Dije: “Nuestra polarización fue creciendo por los dos lados. Él llegó al exremo de ser un cavallista en pleno naufragio de la Alianza, pero sin embargo se empacaba en explicarse nuestro el distanciamiento acusándonos de «petardistas» («hipócritas», llegada su máxima confusión), porque no podemos escindir ideología y amistad".
Como si ideología y amistad no fueran partes de la misma cosa, como si el juicio y el afecto no fueran siempre parientes.

5
En un momento, llegó Matías, a quien le señalamos que el rapado que se había hecho para superar un excesivo rebaje de patillas tampoco le había quedado bien y que tenía que pasarse de nuevo la máquina. “No podés ir a ver a un cliente con esos pelos.”
Finalmente, algunos recaímos gozosos en la charla sobre el conflicto del campo. Diego, economista y pequeño productor sojero, me dijo: “Yo tengo que decirte que, si es por mi situación personal, estoy a favor del campo: alquilé cien hectáreas para [yo] producir soja, y voy a perder guita por estas retenciones aplicadas apenas antes de la cosecha”. “Bueno –respondí a bocajarro–, porái estés muy al límite y ese negocio no sea para vos.” Estuve dispuesto a bancarme un carajeo. Pero no, para nada. Me respondió, sonriendo de coté: “Y sí... porái tengas razón”.
Y por su ausencia de ofuscación lo inscribí dentro de nuestro círculo.

04 octubre 2007

Escalofriante

Salgo a hacer las compras y veo el primer camión de mudanza que anuncia la llegada de los nuevos vecinos al edificio recién emplazado junto a mi casa. Ya se están yendo, guardan los canastos vacíos. Cierta visión me paraliza, en uno de los canastos un cartel reza: "cuarto trillizos".

30 agosto 2007

La educación sentimental

Mi retorno al trote por los senderos del bosque (de Palermo) me puso la autoestima muy arriba. Recuperar cierto control muscular, reponer el aire, proyectarme en autos y trenes que pasan cerca, abstraerme por un rato. No sentirme vecino de la zona pero tampoco forastero. Ver autos alemanes que no envidio ni deseo. También reconocer los bemoles de nacer en cuna de oro y, entonces sí, la gloria de escuchar una frases como: “Mirá, hijo. Todo lo que decís, se puede conversar. Pero si antes no la respetabas como madre, ahora la vas a tener que respetar como jefa. ¿Está claro?”. Tradición, familia y propiedad para principiantes.

03 agosto 2007

Motoquero fumón

Indecisa, asoma por la puerta entornada una cabeza con el casco a medio sacar. Me acerco, abro del todo e invito al pibe a pasar.
-¿A quién buscás?
Él mira el sobre y responde, lento:
-Al señor... Carlos... Pellegrini.

24 julio 2007

Trans

"A las personas trans nos gustaría 'apropiarnos' de espacios distintos al Rosedal. Nos gustaría apropiarnos de una carrera universitaria, nos gustaría apropiarnos de un trabajo digno, nos gustaría apropiarnos de una vivienda, nos gustaría apropiarnos de un documento que diga nuestro nombre, nos gustaría apropiarnos de la oportunidad de vivir una vida que no dependa de proxenetas, policías corruptos y funcionarios transfóbicos."
Marcela Romero / ATTTA.