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20 octubre 2010

Horrible

Impresiones

Primera: Leo a Martín: “Loco, salvan a decir algo ya”. No entiendo. Sigo.

Segunda: Leo a Abel. Título: “Una responsabilidad del sindicalismo”. ¡Epa! Continúo leyendo:

“Mariano Ferreyra era militante del PO, y, me dicen, de la FUBA. Tenía 23 años y participó en un reclamo sindical de trabajadores “tercerizados”, enfrentados a la conducción del gremio. Hoy lo mataron en un tiroteo, donde hubo otros heridos, todos, aparentemente, entre los que reclamaban. Hasta ahí los hechos que conozco. Hay culpables, los que tiraron y los que los enviaron a tirar. Supongo que la presión política ayudará a que se los encuentre y se los castigue. Debemos tolerar entonces que, desde todos los lados, se trate de usar esta muerte”.

Colijo la tercera: ¡Mierda! Una muerte en medio de una movilización. Horrible. De no haber detenidos verosímiles, una piedra en varios zapatos de los más queridos por este blog. Hugo y la paz kirchnerista, a la cabeza.

Silvia, mi suegra, me dice por teléfono que algunos apuntan a Duhalde. “Empecemos por los autores materiales o algún excálibur”, pienso para mis adentros.

Paranoiquismo: *Creencia que profesan quienes piensan, por ejemplo, que unos matones del peronismo fierrero mataron a un muchacho de izquierda para dañar al kirchnerismo. *O la de aquellos que piensan que son unos infiltrados de las corporaciones para debilitar al sindicalismo. *O la de aquellos que crean que es una movida de la zurda loca para agenciarse un mártir.

Yo: No soy, claro, ajeno al paranoiquismo, así que me resisto a prender la tele e incluso a seguir leyendo. Que la velocidad de mi información se ajuste a mi tiempo de entendimiento, ésa es mi premisa actual.

Después: sigo leyendo a Abel y buscando información. Después prenderé la tele.


Addenda: con el cuerpo, todo; con los fierros, nada.

15 octubre 2010

Las joyas de la abuela (reporte de situación)

Todos mis muertos

La primera muerte que lloré fue la de mi tío Eduardo, el 6 de enero del 89. Murió a los 36 años, mi edad actual. Adela -mi abueladela, madre de Eduardo y también de mi padre- murió un año después. Otro tío, materno él, falleció en 1991.
La esposa de un herrero y dos comerciantes. Hace poco hice las cuentas; y en mi casa materna hace un tiempo forjé la sentencia: "Un muerto por híper".

Mi viejo, en cambio, se murió en 2000 en plena deflación, en plena depresión, después de una serie de operaciones para las que tuvo que vender todo lo que quedaba.
"Vendió, literalmente, las joyas de la abuela", le dije el otro día a Martín, un amigo del laburo. Como Menem, cuya reelección mi padre había festejado, la victoria de quien finalmente lo entregaría al Parco Fernando.

"Cuando pienso en él, a veces me entristecía que no haya llegado a ver a De la Rúa en helicóptero o ahora a Cristina", le dije hace unos días a Charly, mi jefecito, cuando retornó al laburo después del duelo por el suyo. "Murió en su tallercito, a las cinco de la tarde, descansando, con su 43/70 y su mate", me dijo después él.
El mío, casi su contraparte en esta historia, también murió fumando, pero en su pieza, y sin una pierna... Y, sobre todo, supongo que de pena, de vergüenza, ante esa nueva invalidez, ese fantasma amputado nacido en un cuerpo sin empleo.
Y tuvo que vender nomás, en el 2000, las joyas de la abuela.

***

Reporte de situación

En este 2010, las joyas de la abuela son las reservas del Central y el fondo de garantía del Anses, las inversiones del Estado en las principales empresas del país. La Oposición votó una ley que obliga al Estado a malvenderlas, a la desinversión instantánea contra todos los argentinos.
Se veta, listo. Se vetó.

Y la vida sigue.

Y estoy dejando de fumar.

E incluso gozando con la responsabilidad de ser delegado gremial, aunque últimamente viva angustiado, seguramente por lo novedoso del asunto, y se me hayan pelado las manos, por una alergia que no tenía desde los tiempos en que trabajaba en La Ley y quería huir de ella para irme a La Nación.

25 septiembre 2010

Todos invitados (tarjeta de cartón)

Polka de la tarjeta de cartón, por La Chicana (Dolores Solá-Acho Estol)


Finalmente me han dejado entrar al baile; los compañeros. Es decir, decidimos hacernos al baile, baile donde finalmente pude entrar. Todos consideramos que es mejor entrar que quedar en la puerta; sabemos que de otro modo es mucha policía poca diversión.

Polka de la tarjeta de cartón, por el Cuarteto Cedrón, música del Tata Cedrón:


Letra de la "Polka de la tarjeta de cartón", de Raúl González Tuñón:

¿Quién no conoció el peinado que usaba Misia Felicia,
su pollera con bordado, su cara llena de risa,
sus patios con emparrado, sus fiestas con pericón
y quién no estuvo invitado con tarjeta de cartón?

¿Quién no conoció la gloria de matear bajo la parra
cuando tocaban victoria los dedos en la guitarra,
cuando el mísero colado salía por el balcón
porque no estaba invitado con tarjeta de cartón?

Entonces un chorro fino caía en la canaleta
formando su remolino saltarín en la pileta.
Si faltaban los de al lado, se decía en la reunión
que no estaban invitados con tarjeta de cartón.

Ah!, las reuniones, comadre, comentadas por semanas,
five o' clock tea de Las Ranas, de la gente mas compadre,
de los que recién llegados ligaban un ginebrón
porque estaban invitados con tarjeta de cartón.

Reuniones de rompe y raja, de malevos orilleros
que largaban la baraja cuando olían el entrevero;
chinas empingorotadas hacían sonar el tacón
porque estaban invitadas con tarjeta de cartón.

Farolito a querosén del almacén de Profumo,
mozos que se iban al humo si les seguían el tren;
moños, cintas, charolados, puro corte y confección
porque estaban invitados con tarjeta de cartón.

Época en que se formaba corrillo al cantor del bajo
y Buenos Aires fumaba cigarrillos Vuelta Abajo.
Patios de cielo entoldado con estrellas de ocasión...
¡Ah!, no haber sido invitado con tarjeta de cartón.

Polka de cintura fina y peinado a la banana,
polka que fue la mañana de la milonga argentina,
ya terminó tu función y yo nunca te he bailado,
pues nunca estuve invitado con tarjeta de cartón.