17 enero 2010

Comunicación de masas

Lucas Carrasco posteó esto sobre 6, 7, 8. Yo, sin leer los 46 comentarios previos (mea culpa), comenté lo siguiente:

Es bueno un post así de un tipo como vos (que hoy te preguntás en Miradas al Sur por qué no está Casero en televisión), porque habilita debates necesarios; necesarios, sobre todo, cuando se centran en políticas públicas (comunicacional, de medios) y partidarias (la doctrina que se baja). En tal sentido, el programa sirve como ejemplo.

6, 7, 8 mejoró sus tiempos internos respecto de sus inicios. Cuando mejoró, me dejó de interesar. Hoy, sólo lo veo cuando -en medio de un zapping- me sorprende gratamente un invitado.
Digo que mejoró, porque los desajustes del comienzo eran evidentes. Barone en general se destaca, pero también a veces quiere cagar por encima del culo y rompe -digamos- la isotopía estilística del programa.
Sandra Russo (me acabo de enterar de que ya no está más) suele zarparse en correctas obviedades.
Cabito arrastra el karma de todo aquel al que sólo se le exige una cuota de humor.
Y María Julia y Carla son, evidentemente, más lucidas que lúcidas.
Dejo para el final a Luciano Galende, todo un caso para analizar. Recuerdo haberlo visto a Lucho en Mañanas informales (ya conducido por Ernestina Pais), en una entrevista con Boudou (todavía en la Anses), a quien le daba con un caño por la reciente decisión del Gobierno de disolver el sistema previsional de AFJPs. Que se entienda: defendía los derechos adquiridos de las AFJPs. La siguiente vez que lo encontré a Lucho en televisión fue en 6, 7, 8, y me sorprendió su correcta transformación.
***
Ahora, mirar hacia el lado de los simplificadores es, también, mirar, por ejemplo, hacia Malnatti. El otrora Abogado Maravilla de CQC, el paladín de La liga y el investigador de Telenoche investía (sic) ahora vende -serenísimo- leche diluida, saborizada y adobada con biofármacos. La empresa lo contrata porque él tiene cierto capital simbólico (como en otro tiempo Cacho Fontana o Pancho Ibáñez), no es casual. Pero dicho capital simbólico fue gestado en programas que han hecho del cinismo su marca de agua.

Respecto de los montos de los salarios, a mí me gusta saber el de los otros, porque, como todo trabajador, no tengo problemas para decir cuál es el mío (3.200 de un sueldo en una "subsidiaria" de La Nación). Pero ojo: focalizarse en ese dato también puede ser tramposo. A veces los salarios están inflados para legitimar -supongamos con malicia- una "transferencia tecnológica", una acumulación de un grupito particular que trabaja para una empresa y que a la vez se está montando la propia. Y a veces los montos por salarios se quedan cortos, por ese tema de los "bonus" que se cobran "excepcionalmente" (por ejemplo, a mediados y fines de año: la sobre-cracia).
Pero, al margen: no sé si es viable que el tema de los sueldos de la comunicación de masas salga del armario. Me parece que no. Porque las roscas internas que puede tener -ponele- Morales Solá tornan irrisorios los sueldos que puede cobrar de La Nación o TN. Y toda "la gente" de los medios tiene un kiosquito, y a veces lo hacen con cierta decencia, aunque siempre sotto voce, porque allí radica el valor del producto.

Muy bueno el blog.

1 comentario:

Pinky dijo...

Otra vez por los blogs, cómo está la cosa vió... Me dejaste de nuevo la entrada para el blog de Lucas y ahí estoy, chusmeando y opinando...