02 diciembre 2005

Iluminismo

Viernes 2 de diciembre de 2005, 1.54

La verdad: no termino de interpretar cómo es que funciona el Hubble (ese telescopio así bautizado por el astrofísico Edwin Powell Hubble, quien postuló la expansión del universo, el alejamiento recíproco de todas las galaxias –lo que luego fue constatado y aún no refutado–), ni el resto de los telescopios, ni la luz en sí, ni su circulación por el universo, ni el universo en sí... nada, bah. El tema es que acabo de leer, en el Clarín Digital de estos momentos, que el mentado megatelescopio fotografió una nebulosa formada por la explosión de una supernova, explosión que ya había sido registrada por los chinos en el año 1054.

Está bien, dirán: “Bueno, es Clarín Digital, ¿qué querés?”. Pero no es el caso, al menos para mí: porque si hay algo en lo que creo yo es en la astronomía. Así que pienso: “Será que yo me estoy perdiendo algo”, y seguro tengo razón.

Pero bueno: el punto es que no entiendo cómo una luz que ya pasó puede ser alcanzada por un instrumento tan prosaico como un telescopio. De todos modos: ¿será que el Hubble ve un universo invertido? ¿Que la iluminación que, pongámosle, empezó por La Matanza y pasó por Palermo, termina siendo alcanzada por el Hubble para el lado de Siberia? ¿O que un rayo que pasa por la Tierra en dirección Recoleta-Belgrano es hospedado por el prodigioso Hubble por el lado de Texas? No sé, no sé.

En cualquier caso, me parece que este armatoste en órbita –asociado a unos cuantos seres humanos– lo que hace es establecer una interpretación de lo que fue y de lo que será en este nuestro presente.

Un Hubble por acá, por favor. (En el sentido de un astrofísico que nos explique cómo funciona el universo, jaula última de todos los perros.)

28 noviembre 2005

nuevas bases

Luego de un comienzo de semana laboralmente estresante, luego de un jueves de relax por el corto plazo pero con un par de reuniones de trascendencia para el mediano; luego de un viernes laboral súper relajado que terminó a las cuatro de la tarde; luego de un viernes mundano que comenzó con una cerveza en Constitución, y siguió con otras dos en Villa Elisa ya con Verónica, y con otras dos en Antares –un bar harto recomendable de La Plata–, y otras dos más en Siddharta –en boliche donde tocaron Cursi y Estelares–; luego de un sábado cuyo amanecer se dio al mediodía, luego de una tarde a la sombra de un tilo, y después parado con la vista en el cenit a la vera del río de la Plata en Punta Lara; luego de unas cervezas con Diego, y unos fasos también; y luego, además, de un negligente y exhaustivo análisis de la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, concluyo en que Simmel tenía razón: la “Libertad” no es un concepto discreto, definible intensamente, sino que más bien es como un estado de ánimo, una palabra-comodín que sirve para validar un gran relato, junto con “felicidad”. Pues bien, propongo que para cuando avenga la siguiente revolución, se conserve la “felicidad” y que nuestra otra palabra-comodín sea “onda”. Es tan definible como “libertad” y, además, garantiza otras cuestiones.

“IV. La libertad política consiste en poder hacer todo aquello que no cause perjuicio a los demás. El ejercicio de los derechos naturales de cada hombre no tiene otros límites que los necesarios para garantizar a cualquier otro hombre el libre ejercicio de los mismos derechos; y estos límites sólo pueden ser determinados por la ley.”

En ese apartado, habría que reemplazar “libertad política” y “derechos naturales” –conceptos emparejados en el párrafo– por “onda”. “Onda” se define como “capacidad de la cognición humana que proyecta más de una hipótesis causal para un mismo fenómeno”. Sería una institucionalización del Plan B.

16 noviembre 2005

Y ahora...

¿A qué se va a dedicar toda la gente que estaba pidiendo la cabeza de Ibarra?

02 noviembre 2005

A confesión de parte, relevo de prueba (Apostilla a “Yo lo sospechaba”)

Título:
«“pierde” horas»

Bajada:
«algunos especialistas se indignan”

Cuerpo de nota:
«en lo que va de 2005 el conjunto de los trabajadores estadounidenses perdió el equivalente a 551.000 años leyendo blogs»
«están "ganseando" durante casi dos horas por día»

Es notorio, pero incluso en el trabajo más descaradamente ignominioso hay algo de nobleza. Si no, notar el caso del tristemente célebre Clarín Digital, y nótese el cariz que toma la pérdida, desde ese “pierde” entrecomillado del título hasta el perder existencial de ¡551.000 años! ¡Las cuitas del poder por la vida de sus empleados: se hace el bueno y de paso genera culpa vital!
Y también hay algo de la clásica maña del botón, porque aquel “perder” entrecomilladamente patronal, obvio, se aclara con la indignación de los especialistas; y con el “ están ganseando” posterior... por si quedaba alguna duda.
Ahora, a botones no me van a ganar: ¡póngase a argumentar mejor, chicos vagos de Clarín! Porque lo que dice el mentado Ferrer es algo distinto. Ferrer dijo que tal vez la “pérdida de tiempo” esté contemplada en el proceso de producción de ciertas organizaciones, que si no es en esto será en aquello; pero aceptarlo sería desacreditar a American Online y a Salary (¡¡¡Salary!!! No tienen límites: habría que quemarlos en la plaza pública), empresas asociadas, al menos desde el linkeo, cuando afirman que el bloggeo representa una pérdida de ¡759.000 de dólares! La mera existencia de este cálculo es ya una afrenta a la inteligencia.
No pierdo más mi tiempo.

28 octubre 2005

Caciques

Llego a la oficina y queda un poquito de café en la cafetera. Me lo sirvo. Doy una vueltita y me voy a conversar con mi jefe. Él mira mi vasito de telgopor y me pregunta si le llevo un café. Le digo que no hay más, que si quiere el mío. Mientras en un microsegundo pienso en que acaso el tipo sea un caballero, me doy cuenta de que no porque me dice "gracias" y se queda con el vasito.
Ningún caballero, un jefe.

21 octubre 2005

Pradonico

Les habla Lord Cheseline en sociedad con Mr. Tweety de Andorra, que tiene para decirles que estuvo enfermo y dolorido debido a una caída desde un noveno piso, la cual le provocó gripe, porque estaba desabrigado. Caer desde una altura semejante es como pasear al palo en la moto y, si no te pusiste la campera, te cagás de frío y después te enfermás. Bueno masomenos así... pero los dejo en sus manos.
Hola, hola, les habla Tweety ya repuesto de la gripe y, vitamina C mediante, más desquiciado que nunca.
Lo que ocurre hoy es simple, se ha puesto de moda un deporte muy divertido que se practica en Bali hace ya 12000 años, "El lanzamiento acrobático de personas a través de ventana alta en un edificio". ¿Por qué un nombre tan largo?, dirán. Es fácil, no hizo falta escribir las reglas...
Yo estaba jugando la versión de playstation que se llama "Trow a pipol tru de window of a tall bilding 2", cuando en un ataque de locura decidí hacerlo de verdad y me lancé desde la ventana hacia el piso tratando de lograr el lanzamiento perfecto, pero sólo conseguí una gripe y no morirme de una manera impresionista como es el fin del juego.
Hablando de juegos, Pradón era asidua jugadora, pero no es muy buena, porque logro sólo múltiples fracturas.
Y bue... esto es así ...
En otro orden de cosas, hoy se conmemora la decimocuanquejesimacuadrafonicafilarmonica del nacimiento de nuestro mentor y campeón del mundo de salto, Gus Van Stapentoff. Nacido en china en el año 37 DC, este niño hijo de Judy y Mike Van Stapentoff, también nacidos en China y miembros de la dinastía de JR, a la edad de siete años ya dominaba todas las artes de salto, entre las cuales estaba el temible salto de rana, ese que sólo la agilidad de un chico de siete años puede lograr. Sus padres le mostraban videos de grandes campeones que se lanzaban desde el empaier esteit y demás edificios altos, claro que en el año 37 DC, no sólo no existían los edificios altos, sino que tampoco existían los videos, así que probablemente esto sea un mito.
Pero bue... efemérides mediante, la cuestión real y el meollo del caso es el siguiente: a los 9 años Gus se había convertido en el campeón del mundo de salto impresionista, cuando hizo el salto más acrobático, el mejor calibrado, el que más vueltas en el aire dio... Logró un diez de todos los jueces...
Nunca disfrutó de la copa, fue una de las más grandes tragedias de la historia del deporte .
Esto seguirá en próximas ediciones de "quien te ha visto y quien te ve", una reseña de los deportes olvidados.
Próximo capítulo: "Tiro al blanco con la mira del Mercedes Benz"

16 octubre 2005

Campaña

Salimos a la calle con la premisa "Si las viejas te putean, mandalas a cagar". Lógicamente, las viejas nos putearon.
Mi indignación de turno es contra estos seres, mujeres a las cuales claramente se les ha pasado el 1/4 de hora y conviven en nuestra sociedad con el fin, el único fin, de hacer más tortuosos nuestros viajes en bondi, en subte y hasta la cola del supermercado.
Pero nos preguntamos el porqué de este irrespetuoso comportamiento, ¿cuál es la razón fundamental de esto? Esta es una pregunta que quedará pendiente... y, estimado, lo desafío a que responda.

El dato anecdótico:
Subí a un bondi, y me senté en el tercer asiento a la izquierda (este es el NO DATO, porque la percepción de los lados es a como el lector guste) cuando por la puerta sube una persona del sexo femenino, edad 60 a 65 años, tez blanca, señas particulares... ninguna. Habitualmente, quien les habla se levanta y cede su espacio a la persona en desventaja, pero esta vez tenía decidido sacar lo peor de mí e incluso estuve a punto de alzar la vista, orgulloso de estar cumpliendo el sueño del pibe. Así que, con la torpeza que me caracteriza, puse mi mejor cara de boludo y no moví un pelo para hacer más placentero el viaje de la señora. Obviamente el sujeto en cuestión caminó hacia el interior del coche, en el cual -por definición- sabemos que siempre tiene lugar.
Acto seguido, ascendió al vehículo el sujeto B -sexo femenino, edad 70 a 80, tez blanca-, una vieja hecha mierda. Lo pensé un segundo y decidí continuar con mi filosofía, nadie se iba a interponer entre mi asiento y yo, si me levantara de allí sólo sería por causas de fuerza mayor, muy mayor. Sujeto B corriose al interior del coche.
Ya habíamos perdido el interés del piloto de la aeronave, quien había dejado de insistir con tratar de conseguirle una plaza a la veterana después de recibir varios insultos, escupidas e inclusive golpes de cartera del sujeto B. Y yo seguía firme en mi postura.
El fin de la misión llegó cuando al colectivo subió el sujeto C, edad promediando los 100, tez blanca, femenino, una mezcla de pasa de uva, vidrio y mi bolsita cuadrillé del jardín de infantes. Y, como tengo sentimientos, mi deber civil sumado a mis buenas costumbres hicieron que me levantara y cediera mi espacio a este espécimen digno del museo de ciencias naturales.

La moraleja del hecho es que por más que intentemos cambiarlo, el complot de los seres de la tercera edad para aumentar el sufrimiento de la población menor de 40 años de la cuidad es un hecho.
Por eso hoy lanzamos la campaña "una abuela por un asiento" y descienda por atrás... si puede.

02 octubre 2005

Recomendación

Hay que hacer todo lo posible por conseguirse una familia uruguaya a la que ir a visitar cuando Buenos Aires nos tiene hasta el tope. Después hay que tomarse un Buquebus para apersonarse allí y, en cuanto sea posible, correr a aprovisionarse de la mayor cantidad y variedad de lácteos uruguayos (que son lo más). Más tarde hay que dejarse estar por las calles de Montevideo y por sus 17 kilómetros de rambla. Si es posible, emprender un paseo hacia el Este (mar y playas desiertas) asienta el espíritu.
Una semanita está bien (aunque no sé cuántas son las ganas de volver, a dos horas de emprender el retorno).
Para los que no puedan, les cuento que llevo conmigo algo de todas estas bonanzas (¡Poderes de los Gemelos Fantásticos, actívense!) en forma de un kilo de dulce de crema de leche y un kilo de yerba Canarias. ¿Ta?

24 septiembre 2005

Hechos que inquietan

No es que me indigne, porque hoy, sábado, a eso de las seis de la tarde, mientras escucho Pulp y escribo –en una suerte de vigilia a la siesta de un amigo que se está separando–, no me indigna nada. Las penas son de nosotros, y tienen tanto que ver con uno que la indignación se queda sin espacio de acción. (Reconozcámoslo: nunca, o casi, enviamos la indignación hacia nosotros mismos.) Así que no: no me indigna. Pero me inquieta: quedo sin centro, sin punto de referencia para evaluar el fenómeno de los mapas satelitales.
Concretamente. Hoy a eso de las dos, dos y cuarto, salgo de mi casa (Budapest y Constantinopla) hacia aquí (Paraguay y Serrano) en bicicleta (nueva y ya recién reparada). Rápido, por el sol, un faso, el reencuentro con la autonomía bicicleteril o por algún otro reencuentro, no sé, pero por algo me sentía colocado: paseé por un camino de la Agronomía, hice un andante por al lado de Argentinos Juniors y un prestísimo por al lado del cementerio, dudé ante Newbery y me decidí por Álvarez Thomas. Y después llegué, con dos nuevos saberes pasados por el cuerpo: la velocidad de movimiento tanto modifica nuestra autorrepresentación como facilita la construcción de un mapa mental.
En esta oscilación entre adentro y afuera, entro en esta pieza y luego a Internet. Una vez allí (?), en los mapas satelitales que ofrecen Google Earth y la página del Gobierno de la Ciudad, busco las manzanas de mi casa y constato que:
a) el mapa de Google tiene un mejor navegador (¿más plata?).
b)en el mapa del Gobierno, los árboles aparecen más verdes (¿Photoshop? ¿Color local?).
c) ambos eliminan no sólo a las móviles personas sino también los sedentarios juegos de la plaza (¿no son fotos acaso?).
d)el del Gobierno me coloca en la segunda parcela de la esquina más cercana a la plaza y no, como sucede en la realidad, en la segunda de la esquina más lejana (¿cuáles son los límites del detalle?).

Me centro en los dos últimos puntos y no me indigno, pero me inquieto: ¿qué significan esos errores? ¿Es el cinismo de la cínica democracia capitalista, que pontifica la igualdad desde la distinción? ¿Son los errores humanos de la humana ostentación de poder, que se agita como mono con pandereta? Si me apuran: hay que matarlos a todos. Si me dejan estar: yo digo que seguimos siendo los perros del Lanari.

Pero no, ni me apuran ni me dejan estar. Entonces me inquieto.

21 septiembre 2005

Yo me pregunto

¿Cuál es mi propio mérito para que hoy, 21 de septiembre, la gente me desee feliz día?