17 octubre 2006
La farsa (Ezeiza-San Vicente)
12 octubre 2006
Harto recomendable
10 octubre 2006
Haciendo de la carencia virtud
Acabo de pasar unos días obsesionado por seguir hablando de la propaganda, por encontrar el modo de exponer que la función de pregonar mercancías es sólo una parte del asunto que está enmarcada en otra más general y característica: la de imponer una justificación del status quo.
Con tal fin, transcribí toda la propaganda de Personal (“que la comunicación no nos incomunique”) pensando en las cínicas paradojas que sostienen las propagandas “con mensaje”, esas que, como portavoces de un sistema amoral, cacarean valores morales. Pero después de cada intento debía reconocer que o bien me faltaba el talento para dicho análisis o bien estaba confundiendo el camino.
Y si bien esas dudas pueden serme eternas, hoy pude suspenderlas por un rato. Concluí en que dicha propaganda encuentra la fuente de su ignominia no tanto en su contenido como en la relación que establece con su contexto. Porque: ¿justo ahora, justo ahora que el sistema de mensaje de textos se muestra como una estafa (se dan demoras de horas entre el envío y la recepción), justo ahora que por ello queda en evidencia la falta de inversión de las telefónicas, justo ahora se ponen moralistas y dicen que no hay que usar tanto el celular?
06 octubre 2006
Actitud Buenos Aires II
05 octubre 2006
Las dos vanidosas razones (de un día aciago)
1) La propaganda de Jumbo sobre la semana alemana (una aberración de la mente con que se insta a comer como un bruto salchicha con chucrut) me recuerda dos prejuicios que tengo por pilares: a) el capitalismo tiende a destruir al Estado, pero lo necesita como el campeón al sparring o al retador (así que Tony Negri y “su imperio sin imperialismo” me la chupan desde la Luna). b) Siendo que lo mejor que tienen para ofrecerme es que coma como un troglodita salchichas con chucrut, no me queda más remedio que pensar que efectivamente el que se come lo del nacionalismo es porque tiene boca de esclavo.
2) Después del día de mierda que para mí representó el miércoles 4, vi y disfruté del capítulo de Montecristo, la primera sostenida intervención televisiva en tratar el tema del terrorismo (no hace falta aclarar “de Estado”, porque todo terrorismo siempre es de Estado: no hace falta aclarar la distinción entre el miedo y el terror). Un gran capítulo, porque: a) reconoció ser una “novela K” (es decir, auspiciada por la Rosada), ya que al encadenamiento de pícaras coincidencias que se vienen dando entre la trama de la novela y la política gubernamental de derechos humanos, se le agregó la aparición –un día después de puesta en vigencia la ley que tiende a erradicar al fumador de la vida pública– de un desubicado abogado de pobres y ausentes que dice vencido sobre el cigarrillo: “Esta es mi condena”; b) me alentó la esperanza, aunque más no sea por unos minutos, de que los dinosaurios finalmente habrán de desaparecer. (Y porque María Onetto la rompe de lo bien actúa.)
(Otras dos razones posibles para pensar que tuve un día de mierda: a) que a la mañana el clima estaba bueno pero después se fue al carajo; b) que esperaba un día tranquilo en el laburo pero laburé hasta pasadas las ocho.)
04 octubre 2006
03 octubre 2006
¡Más Ricardito que nunca!
Pero mi indignación no viene de que hoy el fabricante (yo creo que sale de una fábrica al mejor estilo Willy Wonka, léase Wilson Wonka, por lo uruguayo, ¿vió?) se equivocó y llenó de menos mi postre, se origina en que inmediatamente pensé en los Ricarditos que vienen...
Los dejo con una cita: "Primero se llevaron el Terrabusi, no dije nada me quedaba el Suchard. Después se llevaron el Suchard, a mí no me importo, todavía había Melba. Más tardemente (diría Malala) se llevaron las Melba... Me callé... Están golpeado la puerta... ¿Vendrán por Ricardito?"
27 septiembre 2006
Tal vez...
PD: Ah, confirmado: Live Aid trabaja para el Lado Oscuro de la Fuerza. (Bah, confirmado para mí, que, a pesar del desprecio que me causaba, todavía seguía empeñado en la duda entre si eran idiotas o hijos de puta, como si lo que importara no fuera la función antes que la intención.)
La vida es como te la tomás
Entonces es difícil, como deja entrever Evelyn, no ponerse más solemne que un merquero o no quebrar en un planto de borracho ante las tremendas injusticias de este mundo hoy. Hay que tener muñeca para no girar como un trompo y terminar haciendo el pavo, un vencido pavo pomposo.
De modo que mejor cortita y al pie que perder la pelota por calesitear.
Martes. Último día de cierre de revistas: espero irme temprano. Ambiente enrarecido: despiden a una empleada que filmaron robando un sobre. Alienación: por un lado, asco por corroborar la eficacia de la instalación de cámaras; por el otro, interés morboso por el cadáver despreciado (compartíamos función con la muerta, pero ella trabajaba mucho menos que yo). Prepondera esta última orientación: nada peor que sentirse estafado por un compañero y tener la convicción de que no hay que operar contra ellos. El desenlace se desarrolla, como toda acción dirigencial, fuera de mi mirada. Mientras, trabajo. Se hace tarde para mi seminario marxista. Tres horas tarde, finalmente llego. Entro en el aula y escucho: “Por eso es que Adorno... Adorno y Horkheimer sostienen que la publicidad recae en el mito”. Un rato después, ya en casa de Malala, mientras tomo un vasito de fernet con coca: propaganda de Coca en que se ve un sinnúmero de portentos en el interior de una máquina expendedora. “Más claro echale agua”, me digo, mientras miro bizco el oscuro líquido que va del vaso a mi boca.
20 septiembre 2006
Eufemismo protestante
19 septiembre 2006
En el camino
Walter Benjamin, Dirección única, 1928.
Avasallando al soberano I
a) Hace ya mucho tiempo me enteraron de que propaganda y publicidad no significaban lo mismo. Tomé nota y apliqué la diferencia: propaganda para las manipuladoras campañas políticas y publicidad para los informativos avisos mercantilistas. Era lo correcto y yo era un chico correcto, o al menos eso pretendía, lingüísticamente hablando. Ahora, miro hacia atrás y siento que estuve un poco boludo. Ahora finalmente –“mientrasmente” podría decir Malala– trabajo como corrector y hoy tuve la posibilidad de reemplazar “propaganda” por “publicidad” en un texto que versaba sobre un spot de comida para gatos. No lo hice, no me pareció pertinente, ya que siguiendo esa lógica, habría que hacer la distinción teórica, por ejemplo, entre propagandas de bienes y propagandas de servicios, y sería una soberana pelotudez.
b) Un recordatorio de La sociedad del espectáculo, de Guy Debord. Citando de memoria: el espectáculo somete al hombre porque la economía lo ha sometido previa y totalmente.
Hechas las salvedades, digo:
Incluso en la propaganda más abyecta existe un resto de verdad. “Atrevete a más” es una muestra patente: hasta ellos, meros vendedores de gaseosas, saben que existe un resto de posibilidades vitales por fuera de la cristalización social y lo sugieren como prueba de verdad en su panegírico del brebaje. Lo mismo puede observarse en cualquier medio conservador, como casi todos con más de 10 mil ejemplares de circulación, cuyos contenidos no son más que propaganda encubierta (ver si no las secciones: autos, moda, tiempo libre, tecnología...). Hay en ellos rarezas como el artista “comprometido”, en que se resalta un valor ninguneado, cuando no obliterado, y se lo restituye con un ejemplo de vida. Es decir, lo mismo: incluso ellos, meros propagadores de la razón de empresa, reconocen la existencia del compromiso como valor vital.
Ampliaremos.